Entrevista a _juno: “Hemos creado un espacio de libertad precioso”

Amor y admiración. Tras escucharles hablar sobre su nuevo proyecto juntos, no se me ocurren mejores palabras para definir lo que tienen Zahara y Martí Perarnau (Mucho) y lo que han sido capaces de crear. _juno nace de las ganas, de la verdad, de la libertad y también de la incomodidad de la desnudez. Y se presenta en forma de una colección de canciones que revive a los fantasmas que un día llenaron de vida una habitación de hotel, la número 626, o quizás cualquier otra, donde la cotidianidad se volvió siempre algo excepcional. 

Al otro lado del teléfono, mientras responden a mis preguntas, se crea un diálogo entre la pareja de músicos a la que asisto como oyente, fascinada. Como al escuchar ‘BCN_626’, me siento un poco ‘voyeur’ en su historia musical. Ambos hablan con pasión de esta nueva aventura y se hacen reír a cada rato. Y yo les envidio, la verdad.

La primera pregunta es obligada. ¿Por qué? ¿Por qué construir algo desde cero en lugar de dar un paso más en esa relación que habíais comenzado con ‘La bestia hoy cena en casa’? ¿Cuándo os sentáis a decir “Venga, hagámoslo”?

Martí: Pues no nos sentamos en ningún momento realmente [Risas]. La verdad es que fue Ernesto, nuestro manager, quien lo habló con Zahara mientras estaban en un coche… Yo no estaba, así que no sé muy bien cómo fue en realidad. 

Zahara: Ya hacía tiempo que Martí y yo quedábamos para hacer canciones; ‘La bestia…’ la habíamos hecho a distancia, pasándole yo a Martí un trozo de la letra. A raíz de esto decidimos hacer algo similar, pero juntos. Por entonces, yo, inspirada en eso de hacer canciones los dos, había empezado a crear ‘BCN_626’ con algunas frases suyas. Cuando Ernesto escuchó el tema, que fue el primero que acabamos para _juno, me dijo que que no podíamos esperar a mi siguiente disco, que tenía que salir ya. Unos días antes, además, nos había salido un concierto organizado por Radio 3, donde íbamos a actuar Mucho y yo con Zahara. Decidimos hacerlo, pero tocando cada uno en el proyecto del otro. Nos dimos cuenta de que sería un puntazo hacer algo así. En ese taxi la conversación se fue ‘engorilando’ y Ernesto acabó diciendo que deberíamos montar un grupo. Entonces le mandé un WhatsApp a Martí diciendo: “Oye, nene, que hemos montado un grupo. Bueno, nos lo ha montado nuestro mánager”. Y ya está, ese mismo día elegimos el nombre. Desde el principio tuvimos claro que este proyecto no había nacido únicamente por el subidón del momento, pero necesitábamos que alguien lo dijera en voz alta y le tocó a Ernesto. 

Comentabas que Ernesto os animaba a lanzar ‘BCN_626’ ya, que no podía esperar, pero hablamos de 2019 y _juno no ve la luz hasta bien entrado 2020. ¿Por qué se retrasó tanto al final? 

Zahara: Teníamos todo el rato esta idea de “Bueno, tenemos BCN[_626)], hagamos otra canción”. No recuerdo el orden en el que hicimos las siguientes, pero nos dábamos cuenta de que no eran solo canciones para sacar en un EP o publicar un tema suelto. Vale, a lo mejor esta es la conversación a la que te referías en la pregunta anterior… Ya teníamos 4 o 5 canciones cuando dijimos “Vamos a parar. Esto es un proyecto serio. Vamos a hacer un disco” y yo, por lo menos, pensé en intentar componer 10 canciones. Queríamos darle una importancia nosotros también, por eso no hicimos esa cosa precipitada de tener una canción y enseguida sacarla, porque sabemos que hay proyectos que surgen y acaban así. Teníamos que tomárnoslo en serio de verdad y respetar el proyecto como entonces creíamos que se merecía: haciendo un disco entero. 

Martí: De hecho, fuimos en septiembre a grabar a La Casa Murada sin tener claro si iba a ser un disco o no. Después de esa grabación, que fue flipante, decidimos volver en noviembre a grabar más e incluso a hacer una canción allí. Lo que nos hacía ilusión era montar un proyecto nuevo para ser totalmente libres y hacer lo que quisiéramos, y lo que queríamos era un disco, porque nos dedicamos a la música, amamos los discos y nos encantan esos que nos permiten hacer un viaje. Queríamos hacer lo que más nos gusta, que es música, y la verdad es que, en ese momento, no pensamos mucho en ninguna de las consecuencias que eso podría acarrear. 

Fotografía: Noemí Elías

Viendo las referencias cinematográficas directas que hay en el disco, en un primer momento pensé que quizás os habíais bautizado como ‘Juno’ por la película, pero luego me he dado cuenta de que es por el ‘sinte’ Roland… ¿Entraba en vuestros planes esta posible confusión?

Zahara: [Ríe] Es verdad que lo más popular es la película, pero lo elegimos por muchas cosas. El ‘Juno’ fue el primer sintetizador de Martí que reconocí y luego descubrí que era flipante. Además, a mí me encanta el espacio y Jupiter tiene una sonda que se llama así; me parecía un nombre precioso… ¡Ah! Y también se llama así una diosa. 

Martí: A ver, todo es por la diosa. Todos los sintetizadores de Roland tienen nombres de diosas. Juno, además, también son los premios de la música independiente canadiense. Premio que creo que nos merecemos, porque hacemos música bastante canadiense, la verdad. [Oigo a Zahara reír de fondo].

Volviendo a las referencias cinematográficas… Vuestras letras y melodías generan una narrativa muy visual. Decís que el disco habla de amor, de una historia de amor, y yo, tras escucharlo, me acordé de la pareja de la serie /libro ‘Normal People’. Me encajaba con ese tipo de amor entre dos personas que están rotas; un amor que vive, pero que al mismo tiempo es un recuerdo de lo que fue, y una historia también muy física, que ha dejado un poso enorme en ambas partes. No sé si habéis visto la serie o si estáis de acuerdo…

Martí: Yo no tengo ni idea de lo que es ‘Normal People’ …

Zahara: A mí me la han recomendado muchísimo, pero no la he visto… Respecto a lo que comentas, mientras hacíamos las canciones, nunca tuvimos esa intención deliberada de hablar de una historia de amor; ha sido algo que el disco nos ha desvelado una vez hecho. Es verdad que hacíamos canciones desde lo que, para nosotros, era la verdad. Queríamos contar la cotidianidad y que quien escuchara las canciones tuviera la sensación de estar mirando la vida de alguien a través de un agujero, sin intervenir, pero observando esas cosas que no verías en Instagram. Todas estas canciones, que pueden surgir o no de una historia en concreto o de muchas, al final es cierto que, tal y como están en el disco, pueden formar de repente una historia de amor. Y, sí, es muy física y, a la par, muy de entrega y de verdad. La intención siempre fue hacer canciones con lo que sentíamos y nos apeteciera, sin filtros y con mucha libertad en las letras, en la música, en la estructura… Y eso también es hablar desde el amor: el estar porque quieres y no por ninguna norma impuesta. De ahí que la palabra ‘amor’ cobre tanta importancia dentro del disco. 

Efectivamente esa es la sensación que una percibe: la de estar mirando por la mirilla de la habitación de alguien que, además, habla en primera persona. ¿Cómo es contar la intimidad? ¿Os ha resultado cómodo o habéis tenido cierta sensación de pudor? 

Martí: Es cierto que da mucho pudor al principio. Da pudor hacer letras así, pero también da gustito. La música, cuanto más honesta, mejor, o así la entiendo yo. Al hacerlo todo al 50%, además, llegamos, a la hora de escribir, a un lugar en el que conseguimos despojarnos de nuestros egos e incluso olvidarnos de nosotros mismos. Esa pequeña ‘trampa’ que nos pusimos nos permitió decir cosas con más verdad. En ningún momento entró en juego el autojuicio o la autocensura en los que se puede caer a veces cuando haces canciones. Tampoco creo que precisamente seamos artistas a los que falte honestidad en nuestras letras. En mi caso, con Mucho me he metido en bastantes ‘fregaos’. Quizás las letras no parecen tan personales, pero lo de implicarse en las canciones es ya el sello de la casa. Y cada vez irá a más. 

Fotografía: Noemí Elías

Hacéis mucho hincapié en que en _juno se hace todo al 50%, pero ambos venís de dos proyectos ya muy consolidados con, supongo, unas manías adquiridas y unos dejes particulares. ¿Cómo han convivido entre sí para asegurar ese ‘fifty-fifty’?

Martí: La verdad es que ha sido fácil. De entrada, los dos somos fans del otro y de su gusto musical. Así que creo que, en ese sentido, no hemos tenido problemas a la hora de entendernos. Tampoco a la hora de hacerlo todo al 50%, porque desde un principio queríamos que el proyecto fuera muy libre y no tener que rendir cuentas a nadie, ni doblegarnos a ciertas reglas que, a veces, impone el sistema musical. Precisamente sentimos que habíamos creado un espacio de libertad precioso, donde podíamos expresarnos y llevar a cabo nuestras ideas. De hecho, no hemos tenido ninguna discusión musical ni lírica.

Zahara: No, al revés. Lo has dicho muy bien: es verdad que cuando compones solo adquieres unas manías o unas maneras de hacer. Estando con Martí he aprendido muchísimo, por ejemplo, en cuanto a formas de hacer estructuras. Y él creo que también ha aprendido cosas, porque lo hemos hablado, con el tema de hacer las letras […] Había tanta sinergia y aprendizaje que al final lo que ha habido, sobre todo, es mucha admiración. Bueno, yo hablo por mí…

Martí: Sí, sí, de mi lado también. 

Zahara: Eso ha sido precioso, porque con él conseguía salir de sitios en los que a lo mejor, en otro momento, me habría quedado atascada. Quizás pudimos tener algunas situaciones de pudor muy al principio; de esas veces en las que llegas con una idea, que aún no ha escuchado nadie, y la tienes que decir en voz alta. Pero, como nunca había juicio en la mirada del otro, no ha habido tampoco imposición de ninguna parte. Estoy tan de acuerdo con su criterio y con su gusto que es muy raro que hubiera conflicto, al contrario: lo que él sabía, yo lo quería aprender y viceversa. 

Martí: Nos pasa al contrario que a todos los grupos: en cuanto en una banda hay cuatro personas, siempre está el ego del que quiere aportar su granito de arena o su solo de guitarra… Aquí nos pasaba justo al revés… Somos el grupo perfecto. [Entonces ambos rompen a reír a carcajadas al otro lado del teléfono]

Zahara: Dijo él, sin ningún tipo de ego. ¡No te cortes! No, pero al ser dos es más fácil. Bueno, tú [Martí] has estado en grupos donde has podido vivir eso de tener que lidiar con egos de otros y ver la diferencia, yo nunca lo había hecho. Pero ha sido tan edificante que creo que he salido reforzada para hacer todo lo que quiero. Ahora, después de haber pasado por esto, me veo más capaz de hacer música.

En junio, con el lanzamiento del disco, empezasteis bastante fuerte con el tema promo en redes, pero luego parece que se paró todo. Teniendo en cuenta la situación en la que estamos, ¿cómo os estáis planteando esta ‘vuelta al cole’ tan extraña?

Martí: Bueno, realmente parece que no hay vuelta a nada. Incluso da la sensación de que quizás no haya vuelta a la vida como la conocíamos en mucho tiempo… Hay tanta incertidumbre que los grupos tampoco tenemos muy claro cómo tenemos que actuar. De hecho, nosotros sí que tomamos la decisión de sacar un disco en junio/julio que, a todas luces, podía haber sido un suicidio en cualquier otro momento y en realidad lo que pasó fue todo lo contrario. Tiene que haber escrito en algún sitio un manual con las reglas de cómo se funciona en la música, pero no nos llegó nunca… Y, además, parece que ahora ese manual ha quedado inservible. Está todo en el aire. Lo que queríamos era hacer directos, pero como de momento no se puede… Teníamos preparado un concierto precioso en el que Zahara y yo estaríamos sobre el escenario con todos nuestros instrumentos y nuestros cachivaches, nuestras luces y quizás algún vídeo increíble. La idea, si algún día se puede volver a tocar, es hacerlo y llevar ese viaje musical del disco al directo de una forma totalmente diferente, más expansiva, impactante y enérgica. Hemos hecho algunos ensayos y fueron flipantes. 

Zahara: Sí que hay intención que de haya una gira. Nuestra oficina lo está peleando para que sea así en noviembre, diciembre y enero. Lo que no sabemos es si va a pasar, porque a día de hoy no tenemos una fecha cerrada al 100% siquiera. Nadie se quiere arriesgar y es muy difícil planificar nada. Tenemos este medio plan en mente y si no sale nos iremos adaptando. Lo que teníamos claro es que queríamos plantear el grupo, dejar que la gente lo escuchara poco a poco y, paulatinamente, ir contando cosas del proyecto.