Fábrica Maravillas: la cerveza artesana como forma de vida

Desde 2012 Estefanía Pintado y Thierry Hascoet fabrican su propia cerveza en el corazón del madrileño barrio de Malasaña (Calle de Valverde, 29). Llevan ocho años elaborando cerveza a nivel local, con productos de proximidad y mucho cariño. Les costó mucho trabajo sacar la licencia para su local, pues son fábrica, pero también bar: la Fábrica Maravillas. Según nos cuenta Estefanía, hace nueve años la cerveza artesana no era tan popular como lo es hoy en día. Y se concibe el 2012 como el año cero para la cerveza artesanal en España.

“Nosotros hemos sido testigos de esta revolución de la cerveza artesana. En eso estamos de acuerdo con los medios de comunicación. Solo que para nosotros no es una moda, sino es una forma de vida.”

Llegaron a Madrid en 2004 y les sorprendió que en una ciudad como Madrid no hubiera una fábrica de cerveza, pues salir de cañas está en nuestro ADN. Ya hace más de una década les empezó a rondar esa idea por la cabeza. Como vemos, el impulso y la motivación de abrir la Fábrica Maravillas les viene de lejos. Poco a poco comenzaron a hacer su propia cerveza en casa y, ya entrado 2010, se sentaron a redactar el plan de negocio. La cosa se ponía seria y emocionante. “La primera cuestión que se nos vino a la cabeza era si hacerlo en nuestro barrio o irnos a un polígono industrial. En aquella época estaba Cibeles. Aquí en Madrid no había nadie más”.

Aunque establecer la fábrica en un polígono industrial hubiera sido mucho más económico, se decantaron por quedarse en su barrio, en Malasaña. “Queríamos darle una cerveza al barrio. Queríamos crear riqueza local y esto lo hace así. Éramos seis familias comiendo de esto y la mayoría de nuestros empleados viven en el barrio.”

Fotografía: Verónica Imedio

La sala de cocción y la sala de fermentación son el corazón de la Fábrica Maravillas. “La maquinaria está hecha a medida y queríamos que estuviese como en una vitrina”, nos cuenta Estefanía. De hecho, cualquiera que haya visitado este emblemático lugar, ha visto los grandes tanques de acero inoxidable. “Más kilómetro cero no existe”.

“Antes de la pandemia, porque ahora hay que hablar un poco como antes de Cristo, después de Cristo” bromea Estefanía, “aquí estábamos produciendo, elaborando entre 5.000 y 6.000 litros al mes, teniendo en cuenta que hacíamos muy poquita distribución antes de la pandemia. Digamos que el 90% de ese volumen se bebía aquí. Nuestras ventas han caído entre un 70% y un 80%. Es verdad que aquí somos seis personas trabajando:  Thierry y yo que somos los propietarios y socio, y tenemos a los empleados en ERTE.”

Esperan poder recuperar a algunos de sus compañeros en septiembre con la vuelta de la gente de vacaciones, y con la esperanza de que la consumición vuelva a subir poco a poco. “A lo mejor hemos hecho 1.500 litros en julio y 1.000 en agosto, no más. O sea, estamos en cifras de cuando abrimos, pero muy, muy al principio.

Está claro, hasta los negocios más arraigados en Madrid, como la Fábrica Maravillas, lo han pasado muy mal a causa de la pandemia del Covid-19. Y como tantos otros propietarios andan haciendo números con la esperanza de llegar a 2021 y ver la luz. “Quizás salgamos adelante con esta cosa de las vacunas que ya se están ensayando. No sabemos cómo será la nueva normalidad porque todo está cambiando muy velozmente”

Aunque la Fábrica es un establecimiento con su clientela más o menos fiel, en verano gran parte de sus consumidores son extranjeros y así salvaban la época estival. Nos confiesan que este año lo han echado de menos. “Tenemos una familia, amigos de Miami que vienen como dos o tres veces al año y da gusto porque, yo siempre lo digo, lo mejor de Fábrica Maravillará es la cerveza y después la clientela”. 

Cerraron el 13 de marzo con el comienzo del Estado de Alarma. En abril Thierry y Estefanía volvieron a trabajar y empezaron a hacer distribución y venta online. “En abril tuvimos un apoyo brutal. Nuestros clientes nos han dado un apoyo bárbaro. Así que gracias a esto (refiriéndose a la nueva embotelladora) y al apoyo estamos aquí”.

La fábrica cuenta con la sala de fermentación principal compuerta por tres tanques de 1.000 litros, la olla de 500 litros, la zona de cocción, las cámaras de lúpulo y levadura; y dos tanques de 1.000 litros que van a los grifos. “Esta inversión la hicimos en 2015 y era un poco nuestro sueño poder decir ‘del tanque al grifo’. Pero también tiene una segunda ventaja, la económica.. En realidad, es como un barril, lleva una bolsa en el interior donde está la cerveza. Y nos ahorra tiempo y el tiempo es dinero. Así que bueno, es un poco por una parte el sueño y por la otra, ayuda”.

El trabajo que llevan a cabo Thierry y Estefanía incluye múltiples tareas: limpian barriles, enlatan, etiquetan, mueven cajas, cargan barriles, hacen pruebas… “Es un trabajo muy físico, es muy cansado”. Lo que hace especial a la Fábrica Maravillas es la gente que hay detrás, que son la única fábrica de cerveza artesana en el centro de Madrid y también el único grupo donde se puede degustar la cerveza que se elabora in situ; y, por supuesto, la frescura. “La cerveza es un artículo que sufre mucho de las variaciones de temperatura, del calor, de la incidencia, de la luz, de los golpes, incluso de los meneos que le deja el envase. Y es lo que te decía antes, no es kilómetro cero, es de aquí, más fresca, imposible”.