Gaspar y Rimbau o cómo inventar la máquina del tiempo por la comedia [Parte 2]

Después de conocer un poco más los orígenes y primeros años de Gaspar y Rimbau, llega el momento de meterse de lleno en la historia de ‘El Anacronópete’ y de cómo el ‘tiempo’ no hizo más que correr en su contra. Asimismo, Javier Olivares desvela los cambios que hizo en su adaptación para ‘El Ministerio del Tiempo’ y Marc Ros, de Sidonie, nos cuenta el momento en el que la banda ‘conectó’ con Don Enrique a través de ‘El fluido García’. 

Vida en China y orígenes de ‘El Anacronópete’

En 1878, Gaspar y Rimbau fue ascendido a cónsul y enviado a China. El estatus y el buen sueldo de su nueva posición le hicieron ganarse un poco más a su familia política, aunque siempre se negó a dejar de escribir teatro. “El problema llegó con los viajes y el tiempo. Por aquel entonces los trayectos China – España duraban 45 días, así que cada texto que quería enviar tardaba una barbaridad… Acabaron por dejar de representarle las obras al no vivir en el país, y eso que había logrado que le hicieran una al año, pero al irse a China perdió mucho fuelle”, relata Andrés Massa, de la editorial Gaspar y Rimbau. 

Fotografía: editorial Gaspar y Rimbau

Totalmente apartado de los círculos intelectuales y del teatro patrios, Gaspar y Rimbau decidió empezar a trabajar en la idea de crear una obra que generase un impacto suficiente como para recuperar su posición en la industria. La que en esos días estaba cosechando un gran éxito era ‘La vuelta al mundo en 80 días’ de Julio Verne, que tuvo hasta un elefante real sobre el escenario, y se propuso hacer algo así de espectacular. “Pero no podía haber vuelta al mundo, porque si no habría sido copiar… Entonces recuerda sus conversaciones con Flammarion sobre ver el pasado y se le ocurre la idea de una máquina que viaja por el tiempo”, señala el editor como origen de la historia. La zarzuela original de ‘El Anacronópete’ fue pensada para tener numerosos cambios de escenario (Granada, la Batalla de Tetuán, China…) y de vestuario, pero esta misma espectacularidad la abogó al olvido, pues se negaban a representarla por sus altos costes de producción.

Años después, ya de vuelta en España, se marchó a vivir a Barcelona y es allí, en los círculos intelectuales de la Ciudad Condal, donde conocerá al editor que le convencerá para convertir su divertida zarzuela en una novela con la promesa de editarla. “Cuando salió publicada, los periódicos destacaron que era una comedia muy entretenida y con una máquina muy curiosa, pero nadie le dio la relevancia que le podríamos dar hoy por ser el primero en imaginar una máquina del tiempo. […] No entendieron la profundidad del concepto y es lógico, porque hay que entender la época de la que estamos hablando: Einstein era un adolescente y, por tanto, la Teoría de la Relatividad aún no existía. El tiempo en esos años era una cosa que ocurría, no un tema de conversación ni una variable física. A nadie le importaba salvo para saber qué hora era”, continúa.

Un adelantado a su tiempo

Pese a que la obra fue concebida como un intento desesperado de su autor por volver a la rueda de la intelectualidad española, se desprende mucha preocupación e interés por el tiempo y su complejidad. La adaptación de la zarzuela al formato novela trajo consigo algunas novedades, como la de que los personajes —mediante una conversación que pareciera emular los pensamientos del propio Gaspar— se cuestionen qué pasaría si se intentara cambiar el pasado o, lo que es lo mismo, se plantean lo que hoy conocemos como la ‘paradoja del tiempo‘. Otra posible primicia del escritor, pues esta no empezaría a ser tema de conversación hasta 1940. 

Pero hay más: en el libro también se explica el mecanismo que hace funcionar la máquina. El anacronópete consigue viajar hacia el pasado propulsado, a través de la electricidad, por cuatro grandes cucharas que lo hacen girar en el sentido contrario a la rotación de la Tierra. Una tontería, pensarán algunos, pero no nos olvidemos, de nuevo, que estamos en pleno siglo XIX, que se trata de una ficción y que tampoco sería tan descabellado cuando este recurso vuelve a ser utilizado, ya bien entrado el siglo XX, por algún que otro superhéroe —Superman y Flash entre ellos—.

Ilustración cedida por la editorial Gaspar y Rimbau

Por supuesto, tampoco podía olvidarme aquí del otro gran invento de ‘El Anacronópete’: el llamado fluido García, que evita que los pasajeros rejuvenezcan o envejezcan en cada viaje espaciotemporal, mediante una especie de rayo eléctrico. Quienes vieran la adaptación hecha por ‘El Ministerio del Tiempo’ quizás se hayan sorprendido de este dato, pues el fluido García se representó como un brebaje blanco. Le pregunto al propio Olivares por los motivos de este cambio: “Hacerlo así, a lo grande, y conseguir que visualmente quedase bien y entendible, requería de haber desarrollado más el tema y contado con más medios. Para los capítulos y posibilidades que teníamos, preferí simplificar. Agradezco a los que conocían la novela que no me pusieran verde en redes sociales por esto. Ha merecido la pena por la popularización que hemos conseguido”.

Otros que también han querido reivindicar de alguna forma la figura de Gaspar y Rimbau han sido Sidonie. Y es que la banda catalana decidió bautizar como ‘El fluido García’ a su sexto trabajo de estudio en honor al madrileño. El relato de cómo llegan al libro merece hacer un pequeño alto en el camino y “viajar en el tiempo” hasta 2011, un par de días antes de la fecha de entrega del disco: tras varias propuestas de título “absurdas”, que no conseguían reflejar la música y las letras, Jes Senra (bajista) da con un artículo que habla de ‘El Anacronópete’ y la historia le parece tan curiosa que decide compartirla con el resto de sus compañeros. “Antes de acabar ya sabíamos que el título de nuestro nuevo álbum haría mención a esta novela y a su autor. […] Vimos todo tipo de conexiones, todo encajaba: nuestro disco también era un viaje en el tiempo, concretamente a la psicodelia de los años 60 y 70 del siglo XX, y señalaba directamente al disco de los Beatles ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ (1967), en cuya portada aparecen los personajes más influyentes de la historia según la banda; entre ellos, H.G. Wells, que todo el mundo cree que inventó la máquina del tiempo en la ficción, cuando en realidad fue Gaspar y Rimbau. Creímos que valía la pena dar a conocer la historia. Historia que, por cierto, hubiera hecho las delicias de John Lennon. Eso sí, alguien thabría tenido que explicarle qué es una zarzuela…”, me cuenta Marc Ros, vocalista del grupo. 

Con todo, no es exagerado afirmar que el madrileño fue un ser pensante “demasiado” adelantado a su época, con las limitaciones que pueda suponen haberse dedicado al oficio de la escritura y no al de la ciencia, por supuesto. De pensamiento liberal, tanto en lo político como en lo social, se atrevió denunciar siempre las desigualdades sociales, incluidas las de género. Porque, sí, el madrileño también fue feminista, aunque no se sabe si declarado, y de esto deja constancia en otra de sus obras de teatro, ‘Huelga de hijos’ (1893), donde defiende los derechos de la mujer. Ahí es nada.  

“El tiempo es el que es” y no vuelve (de momento), pero nunca es tarde para dar su lugar a un personaje tan interesante y divertido, según dicen, como Don Enrique Gaspar y Rimbau. Y, en estos tiempos que corren, tampoco está de más recordar, para que no se nos olvide de nuevo, que fue la comedia, tan denostada a veces, la que se inventó la máquina del tiempo.

Vuelve a la primera parte del reportaje aquí.