Entrevista a Mujeres: “Al no vivir de la música, durante el confinamiento fuimos unos privilegiados”

El pasado 29 de agosto tuvo lugar en Madrid el Shangri-Lah, un evento musical de nueva creación que consiguió transportarnos, por unas horas, a aquellos buenos tiempos pre-COVID, donde el verano era sinónimo de festivales. Y hasta allí se desplazaron uno de nuestros grupos nacionales favoritos, Mujeres, para presentar en la capital el directo de ‘Siento muerte’, su quinto larga duración. 

Recién llegados de la Ciudad Condal, pero ya cerveza en mano, me reuní con ellos en el bar al aire libre del Autocine para charlar de la crítica situación de la industria y el “privilegio” de la precariedad, sobre cómo algunos intentaron “sacar tajada” del confinamiento y de esos “otros trabajos” —de lunes a viernes— que les permiten pagar facturas. Una entrevista, además, con tintes surrealistas, donde no faltaron la lluvia —de ahí la especificación inicial sobre la ubicación a la intemperie—, el torpe bajar y subir de mascarillas entre sorbos y respuestas, las interrupciones constantes de varios músicos y fans para saludar al trío (y hasta preguntar por el tallaje de las camisetas de merchandising), y algún que otro inexplicable fallo técnico que, por si no fuera suficiente, hizo que la hora de conversación no se grabase.

La transcrita aquí es la repetición a posteriori de la entrevista original. Gracias, Pol, Arnau y Yago, por ser gente, de verdad, fetén, níquel, canela.  

Vuestros directos siempre han tenido mucho de ruido, multitud, sudor y contacto (pogo), exactamente todo lo que las legislaciones sanitarias vigentes no permiten. ¿Cómo está siendo esto de tocar en Nueva Normalidad?

Arnau: Al principio fue un poco extraño: tocas delante de personas que están sentadas y llevan mascarilla, por lo que no es fácil saber si les está gustando la hasta que termina la canción y, con suerte, aplauden. Pero también es verdad que hemos tocado muchas veces delante de público que no viene a vernos a nosotros en concreto, así que prácticamente te ignora, o gente que ni te mira o que te da la espalda. En el primero que hicimos en Castellón, al menos sabíamos que los que habían venido lo habían hecho por nosotros y al final la cosa se animó.

Pol: Como dice Arnau, ya habíamos tocado en situaciones similares, bien porque estábamos teloneando o porque éramos la “banda sonora” de una fiesta. Como el grupo tiene trece años de existencia, hemos visto de todo. […] Estamos acostumbrados y, de todas formas, es lo que hay. Audiencia y músicos debemos entender que el panorama ahora funciona así. Hay que aceptar que tocaremos delante de poca gente que, además, no se va a poder mover demasiado, y el público debe acostumbrarse a esto de estar por parcelas o sentados… Aunque ya hemos visto cómo la gente se pilla buenas borracheras en sus mesas o parcelas, una cosa no quita la otra. De primeras, se tiene en mente la idea poco social de estos directos, pero la realidad nos ha enseñado que el público puede vivirlo fuertemente, emborracharse y bailar manteniendo las medidas de seguridad necesarias. Hay quien dice que “prefiere esperar” a que todo esto pase para empezar a ir a conciertos en salas o a grandes festivales, pero ya pueden ir cambiando el chip, porque esto va para largo. Si quieres ver directos, tendrá que ser en estas condiciones. 

En mayo lanzasteis ‘Maquetas, ensayos, descartes y fracasos’ para ayudar a una tienda de discos y a tres de las salas de conciertos de Barcelona que, decís, os han ayudado como grupo. La situación de las salas es crítica a día de hoy y muchas están planteándose su cierre definitivo. ¿Qué tenéis que decir vosotros de todo esto?

Pol: Como dices, la salas y la gente que trabaja alrededor del ocio nocturno lo están pasando muy mal. Si no se hace algo ya, seguramente el circuito cultural y de ocio de muchas ciudades de este país va a quedar muy tocado, si no totalmente aniquilado. Es realmente preocupante.

banda Mujeres en el festival Shangri-Lah
Mujeres en el festival Shangri-Lah de Madrid. Foto: Sara Peláez

Con esta iniciativa, decidís quedaros en un segundo plano y poner en el foco sobre otros de los actores que, efectivamente, también tienen un papel fundamental en el desarrollo y éxito de un grupo. ¿Cómo se os ocurre la idea?

Pol: Cuando llegó el confinamiento, muchas bandas hicieron el ejercicio de querer mantenerse visibles, estar presentes y atribuir un papel fundamental a la música que hacen: aquello de “que la música no pare”, “no podemos vivir sin música” y todo esto. Sabíamos que teníamos que hacer algo nosotros también, pero estos ejercicios los percibimos como una especie de autopromoción desesperada y no va con nosotros. […] Lo estuvimos pensando y finalmente nos decidimos por una acción para ayudar a la gente de la industria que lo estaba pasando mal; gente, además, cercana del mundo salas de conciertos o tiendas de discos. Muy a nuestro pesar, al no vivir de la música, durante el confinamiento fuimos unos privilegiados. Digo “a nuestro pesar” porque este “privilegio” es realmente una forma de señalar la mediocre realidad de los músicos en España, al menos de los de nuestro nivel: a nivel fiscal es muy complicado facturar, no hay ningún tipo de facilidad por parte del gobierno para hacer un régimen de autónomos amoldado a las bandas. Así que, al no depender de la música, esta crisis no nos afectó tanto como a quien curra en salas, vendiendo discos o montando escenarios.

Arnau: La idea se nos ocurrió a partir de la canción que Iceage sacó para apoyar a ‘Médicos sin Fronteras’. Pensamos que podríamos hacer una recopilación para ayudar a algunas salas y tiendas de discos. Elegimos estos espacios porque nos dieron una oportunidad cuando empezábamos y han estado abiertos a cualquier idea o iniciativa que les hayamos propuesto.

Pol: Además, estos negocios son los que nos hacen estar orgullosos de nuestra ciudad. Sin ellos solo estaríamos rodeados de franquicias y hoteles. Es muy importante apoyar a estos espacios que generan vida en los barrios y que evitan que se nos quede una ciudad totalmente muerta y apática, y una urbanidad convertida en el decorado ideal para un turismo vacío y salvaje. […] Como durante el confinamiento no podíamos ensayar, nos dedicamos a mirar en nuestros discos duros y móviles en busca de canciones perdidas, así que hacer esta compilación no nos supuso ningún coste más allá de dedicarle tiempo para buscar, diseñar y promocionar. Cabe decir que, además, fue un viaje muy interesante a través de la historia del grupo. Es muy extraño escuchar ensayos y conversaciones de hace diez años con miembros que ya no forman parte de la banda.

Sois de los pocos que habéis hecho “algo” para ayudar a terceros…

Arnau: Partiendo de la base de que cada grupo es libre para hacer lo que crea conveniente, en nuestro caso vimos que esto era lo que más encajaba con nuestra forma de ser, ver el grupo y la música y las relaciones entre las personas. A mí, personalmente, me cansó muy rápido esto de los directos y de los festivales online, ya que me daba la impresión de que, aun estando en medio de una pandemia mundial, había gente intentando hacer “negocio”, “aumentar visibilidad” o “hacer marca” en las redes… Me ponía bastante triste y molesto. Por eso, creo que para nosotros encajaba mejor la recopilación, y, además, nos apetecía mucho hacerla. 

Pol: Arnau y yo venimos de la escena punk y hardcore y eso nos permitió ser muy conscientes de todo lo que hay alrededor de una banda, lo que vendría a ser una “escena”: fotógrafos, fanzines, distribuidoras DIY de discos, promotores de conciertos en centros sociales okupados, gente de pequeños sellos e incluso el papel del público como agente activo en la escena y con “responsabilidades” hacia ella —como, por ejemplo, coger la costumbre de ir a conciertos, toque quien toque, por el mero hecho de participar de un movimiento y conocer nuevas músicas y personas—. En estos ambientes el papel de las bandas es uno más, tan importante como el fotógrafo que luego te permitirá aparecer en las páginas de un fanzine que reseña el concierto. Al haber vivido todo esto, […] siempre hemos mirado hacia lo que ocurre en los márgenes de la propia banda. Para nosotros es esencial. Si con los pocos seguidores que tenemos, y la pequeña acción que hicimos, conseguimos todo ese dinero que no esperábamos, imagínate lo que habría conseguido un grupo que tiene 10 veces nuestro número de seguidores…

Los músicos son el eslabón más visible de la cadena musical pero, a la hora de la verdad, ¿son también los más desagradecidos con el resto de intervinientes? 

Yago: Más que desagradecidos, yo diría que lo que ocurre es que es realmente complicado salir adelante siendo músico en este país. Hay una especie de “normalización” de la precariedad. Tal vez por ahí se pueda entender que todo el mundo se lanzase a grabar vídeos para buscar apoyo emocional, en lugar de pensar formas de dignificar la música como elemento de la cultura que nos une. Es muy complicado ser músico profesional en España; casi siempre estamos rodeados de profesionales para los que los conciertos son su forma de vida, pero los artistas, en cambio, siendo una parte muy importante de ese espectáculo, son los únicos que no se pueden dedicar en exclusiva a ello. 

Sobre esto de querer vivir o no de la música, vosotros la compatibilizáis con unas profesiones, las de los tres, que creo que también son muy vocacionales (escritura, ilustración y enseñanza de cine). ¿Realmente estaríais dispuestos a abandonar estas inquietudes individuales por dedicaros 100% a la música o Mujeres funciona precisamente porque sabéis que no vais a dejar que ocupe toda vuestra faceta profesional? 

Arnau: De momento no vivimos de la música y no sé si después de trece años llegaremos a hacerlo… Pero no estamos mal. En mi caso, al dibujar en casa, no sería un problema tocar y cobrar más dinero. Yago y Pol sí que tienen que ir a una oficina, con sus horarios, y no sé si serían capaces de dejarlo, pero igual hacer media jornada sería ideal. Lo bueno de vivir de tu grupo es que es la última casilla que tachar —en teoría— , pero, por otro lado, supongo que, para poder hacerlo, tienes que decir que sí a cosas o marcas que no te apetecen. También me da la impresión de que muchas bandas que llevan poco tiempo han vivido una subida muy fuerte en cachés y, prácticamente, han saltado de sus locales de ensayo a grandes festivales; no han hecho salas ni casales ni nada y eso hace mucho más difícil el no estar centrado en la rentabilidad económica del grupo. 

Pol: Lo ideal sería que el grupo supusiera una inyección de capital suficiente como para no tener que perder tanto tiempo personal en una jornada completa. Poder tocar y tener un horario laboral más reducido, que nos permitiera tener más tiempo, sería perfecto. Si viviéramos 100% de la música, esto también nos permitiría centrarnos en otras inquietudes que tenemos todos, así que, joder, también lo firmaría. Pero como dice Arnau, esta dependencia económica tan evidente con el grupo quizás nos llevaría a hacer o aceptar cosas que realmente no queremos hacer.

Foto: Sara Peláez

Aprovechando la ocasión, quería preguntaros también por vuestros “otros trabajos”. Arnau, actualmente estás trabajando en tu quinto cómic, ‘Un fantasma’, que tengo entendido que se publicará a finales de este año con la editorial Astiberri. ¿Qué me puedes adelantar?

Arnau: Yo empecé editando, primero, fanzines y luego tebeos con editoriales pequeñitas. Llegó un punto en el que pensé que ninguna grande se interesaría por mi trabajo, quizás por ser demasiado “serio” para lo más alternativo y demasiado “loco” para los más tradicionales, de ahí que mi anterior cómic lo lanzara con mi propia editorial, AIA. Pero justo con este proyecto decidí volver a probar suerte y efectivamente conseguí pasar la criba de los cuatro editores de Astiberri. En principio, entrego el tebeo en diciembre y se publicará para febrero, más o menos. La novela va sobre un virus, cuyo origen es desconocido y no se explica, que cambia el color de las plantas, del cielo… pero no infecta a los humanos, simplemente provoca un cambio estético. Me apetecía jugar con la estética y no tanto con la ciencia ficción clásica, ya que no sé demasiado y preferí no meterme en jardines antes de hacerlo mal. La protagonista es una chica que huye. Desde hace ya tres libros me he decantado por hacer solo protagonistas femeninas en este caso, además, racializada, porque me di cuenta de que, en los anteriores, los personajes eran solo hombres blancos. Para ‘Tibirís’, opté por hablar sobre la infancia de mi abuela y su tío (homosexual) en la posguerra, y sobre una chica que quiere dedicarse al mundo del cómic y vive con su novia en ‘Línea editorial’.

Pol, en tu caso, estuviste años escribiendo para VICE, publicación que decidió “invitarte” a abandonar el barco antes de su cierre hace poco… ¿Cómo te lo tomaste?

Pol: Curiosamente, Yago y yo llevábamos varios domingos hablando en la furgo —volviendo a casa después de haber tocado en algún sitio— sobre lo hartos que estábamos de los horarios de oficina, de la tristeza de tener que levantarnos a las 7 de la mañana al día siguiente, de ese contraste tan fuerte entre la vida de fin de semana (salir a tocar) y la vida de oficina (mucho más mecánica). Y va y resulta que al lunes siguiente a uno de estos domingos me despiden. Al principio, fue un impacto, porque no me lo esperaba, pero a los pocos minutos pensé que tampoco estaba tan mal dejar estos horarios y promover un cambio en mi vida. Te juro que al final, después de estar escribiendo cada día durante casi siete años, ya tenía el cerebro totalmente frito y me costaba encontrar felicidad en gran parte de lo que hacía, sobre todo por algunos cambios editoriales en la empresa que no se amoldaban mucho a mi forma de pensar. A los seis meses de irme, VICE España murió… Yo no digo nada.

En Twitter llevas ya un tiempo publicando unas viñetas muy ácidas. ¿Es un proyecto sin más para redes o hay algo detrás? ¿Un nuevo fanzine? ¿Un libro?

Pol: Siempre he querido hacer este tipo de tiras —que hace poco descubrí que se llamaban “one-liners”—, muy influenciado por la obra de Raymond Pettibon, Glen Baxter o Gary Larson, a quien sigo desde muy pequeño. Quería quitarme la espinita y ahora era el momento ideal. Más que nada era por no estar siempre pensando en “querer hacerlo”, sino hacerlo y ya está. La idea es ir publicando tiras y quizás, algún día, las compile en un fanzine o algo.

Y, para acabar, hablemos de la famosa “vuelta al cole”… Yago, como miembro docente de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña), ¿cómo estás viviendo el arranque de este curso escolar? ¿Tiene sentido? 

Yago: Yo creo que va a ser muy complicado y un poco triste. Estamos hablando de una generación que podría perderse una de las mejores etapas de su vida. Aun así, es esencial que se puedan educar y que puedan compartir y socializar los intereses para poder generar tejido crítico en nuestra sociedad. El aislamiento y la docencia a distancia no ayudan para nada en este sentido.