Macao, el tapeo más oriental de Madrid

Aún no os pongo cara, acabamos de arrancar y no hemos tenido el gusto de compartir un vermú, pero, por alguna razón, sé que hay días que sentís que os merecéis un homenaje. A veces llega en forma de paquete a la puerta de casa desde tu librería favorita: esa que lo está pasando canutas para pasar a fin de mes con esto del “bicho”. Te auto regalas lo último de Miqui Otero y, de paso, ayudas al pequeño comercio. ¡Win, win! En ocasiones te lo guardas en tu tote bag después de salir de la tienda de vinilos, porque necesitas energía nueva antes de teletrabajar: suenan las Ginebras mientras te duchas. De vez en cuando, incluso, lo encuentras en un restaurante, al abrir una cajita de sushi. Porque la gastronomía también es cultura y tiene mucho de arte.

Y no sé vosotros, queridos lectores del otro lado de la pantalla, pero yo, si algo soy en esta vida, es indeciso. También soy un cinéfilo, aficionado al tenis y amante de la buena cocina, y en lo que se refiere a esto último, no puedo no practicar el hedonismo más voraz. A lo largo de estos meses tal vez mantengamos una interesante relación: yo pruebo cosas, os recomiendo algún lugar y vosotros decidís si merece la pena salir a catar el nuevo garito que han abierto en la ciudad o ese antro que tiene fama de leyenda del estraperlo. Siempre desde un punto de vista personal y muy amateur -ni tengo el paladar más desarrollado de la periferia de Madrid, ni soy ningún gurú de la cocina-, y buscando, salvo en empoderadas excepciones, una relación calidad/precio que se pueda ajustar a la mayoría de los bolsillos, empezando por el propio.

Dicho esto, hoy me he levantado y no tenía claro qué me apetecía más: si algo rollo asiático, potencia estilo mex, un poco más castizo, etc. Sólo sabía que tenía que romper con el sedentarismo de una vez por todas y que había hambre. Por lo que hoy toca hablar de Macao, un oasis gastronómico al otro lado de la calle-escaparate de los turistas que llegan a Madrid. Un restaurante que propone una reinterpretación del clásico tapeo madrileño fusionándolo con los sabores más reconocibles de la cocina asiática a tan sólo seis minutos de la puerta del Sol y al lado del Teatro de la comedia -más concretamente, en la Calle Príncipe-.

Por lo general, los platos no son muy grandes, ya que siguen la esencia de la tapa. Pero hay ciertos platos de la carta que sorprenden por su tamaño. Muestra de ello son los huevos rotos trufados con atún rojo, wakame y algas nori. Lo mejor, sin menospreciar ni mucho menos al resto de ingredientes: las patatas, o, mejor dicho, la salsa que llevan. También sorprende lo bien que funcionan con el alga nori. Sin duda, el plato al que le tienes que hacer la fotito para redes con tu smartphone.

Las demás elaboraciones, salvo ciertas salvedades, suelen seguir la norma del tapeo. El sushi está bastante rico, los postres no están mal y el tuétano con miso rojo… la verdad es que quiero volver para probarlo. Con tres o cuatro platos comes bien. Si entre estos te pides un arroz, un pad thai o los genuinos huevos rotos, es muy probable que termines lleno. Mi recomendación es que elijas uno de los múltiples menús que tienen en el local: así pruebas un poco de todo, que es el punto fuerte de Macao. Si te lo montas bien, es raro que te quedes con hambre, y, si optas por la carta, el restaurante suele tener buenos descuentos si reservas con antelación.

Por lo demás, el lugar es moderno y tranquilo, el servicio es correcto, la carta tiene alrededor de cincuenta elaboraciones (desde tacos de pulled pork a burger de wagyu) de las que podréis distinguir distintas nacionalidades. Un punto que se agradece: lo visual que es la carta en la web. Sin duda, una apuesta segura para todo aquel indeciso que le apasione la idea de que su mesa se llene de sabores.

Lo peor: aunque el espacio es muy chulo, por su situación en plena Calle Huertas, no tienen terraza.

Lo mejor: la gran variedad de platos de cocina fusión con una relación calidad/precio bastante buena. Aprovecha el menú.

Precio medio: 15€.