Entrevista a Joe Crepúsculo: «Mis conciertos eran como un show de variedades y una fiesta a la vez»

Joël Iriarte, la identidad secreta de Joe Crepúsculo, comenzó el año pensando que éste sería un buen año. Guiándose por el horóscopo chino, era el Año de la Rata, un año de oportunidades, éxitos y prosperidad. Incluso en febrero se propuso celebrarlo con dos conciertos, uno en Madrid y otro en Barcelona, que si buscas en el diccionario la definición de «fiesta» verás una foto de lo que allí se vivió, tanto arriba como abajo del escenario. Doy fe, yo estuve en el de Madrid y aquello era pura diversión y bakalao. Pero… llegó el verdadero 2020 y no el bonito año roedor que esperábamos.

Sin embargo, Joe no se dio por vencido, es más, nos regaló la auténtica canción del confinamiento (no, no fue Resistiré, tampoco la genial Agapimú): Cuarentena sin ti. Nuestro querido Crepus puso letra a lo que muchos sentíamos aquellos días de echar de menos cada uno desde nuestras casa. Ahora, hoy, por fin, llega no solo esa canción, sino dieciséis más en su nuevo disco, ‘Supercrepus II’, continuación de aquel mítico álbum de 2008. Incluso desde su oficina nos chivan que a finales de noviembre habrá show en el Teatro Calderón de Madrid. ¿Hemos vuelto a la normalidad? No, aún no, pero las canciones de Joe ayudan, y mucho.

El pasado mes de febrero celebraste la Fiesta por el Año de la Rata, tanto en Barcelona como en Madrid. Fue el último concierto al que fui previo al Covid y, vaya, la rata nos ha salido bastante salvaje y enfermiza. Ahora pasados los meses, ¿lo que era un concierto para dar la bienvenida al año se ha convertido en uno de despedida de una era?

(Risas) Ya… La verdad es que lo del Año de la Rata fue un poco premonitorio. Mira que para los chinos es el año más importante, el más bueno, pero nosotros con lo que relacionamos la rata, pues sí, la verdad es que está siendo un verdadero año de la rata. Sí que es verdad que tanto el de Madrid como el de Barcelona fueron conciertos en los que la gente lo dio todo y te pones a pensar en eso y da un poco de pena, que no hay un horizonte todavía para que se dé un concierto así ahora mismo. El último concierto que di fue en marzo y fue en Coruña, pero es que parece como si fuese hace diez años.

¡Totalmente! Y mira que han pasado siete meses, pero que pesan como siete años.

Sí, cómo cambian las cosas, porque yo estaba viajando mucho, tocando cada fin de semana en varios sitios, y, de repente, no viajar, no tal… Para mí ha sido un cambio total. A ver si esto se convierte en algo anecdótico con el paso de los años y todo vuelve al rock, a sudar y los abrazos.

Ahora presentas ‘Supercrepus II’, tras celebrar los diez años y diez discos, ¿por qué continuar ‘Supercrepus’? ¿Hay alguna relación con aquel disco de 2008 más allá de su extensa longitud?

Sí, yo creo verlo en las canciones, o sea, primero en el tipo de disco, ¿no? Es un disco doble en el que me apetecía continuar, hacer un disco similar. Por un lado, a nivel de canciones hay una similitud, me gusta llamarlo en el romanticismo, un romanticismo un poco perverso. Tal y como estaba ‘Supercrepus’, creo que era un amor visto desde puntos un poco aberrantes y es un poco volver a ello. Las canciones de ‘Supercrepus II’ tal vez se adelantaron un poco a este año, yo quería enfocarlo en el amor desde el apocalipsis. Luego sí que es verdad que a nivel morfológico las canciones son muy diferentes, porque ‘Supercrepus’ fue grabado en una habitación con lo que tenía y tal, y en este sí que es verdad que hay una banda, está grabado en estudio… El sonido yo creo que es muy distinto, pero en la forma del disco y de lo que hablan las canciones sí que hay una correspondencia, y luego, al final, en el estilo, ¿no? No deja de ser lo que yo sé hacer, que es música pop, canciones con sus estrofas, sus estribillos. Hay baladas, como también las había en ‘Supercrepus’. Entonces yo creo que sí que hay una continuidad. Eso sí, puede que sea una cosa mía, que no la haya para nada, pero yo quiero pensar que sí.

Foto: Silvia Coca

Incluso lo noto más rompedor con el anterior, con ‘Disco duro’, que era quizás más tecno, más de sintetizadores, y éste es un disco muy de guitarras, incluso de banda. ¿No crees?

Sí, de hecho en el último no había guitarra, o sólo una en una canción que era un poco rumba, y aquí casi puedo contar con los dedos de una mano los sintetizadores que hay. Pero sí, es un disco de guitarras, tiene sus baterías grabadas, y era mi intención, hacer un disco de rock y de pop. Yo creo que, al final, las canciones son lo que son y tú les puedes dar el barniz que quieras, le puedes dar un toque bakalao, hacer que sea una rumba, y lo que priman son las canciones.

Algo que notas al escucharlo es que, si lo comparas con los directos que das, es mucho más suave. No es algo nuevo de este disco, ya en anteriores se aprecia. Por ejemplo, el disco puedes ponértelo en casa, pero si quieres la fiesta, tienes que ir al concierto. ¿Es algo que buscas a la hora de grabar tus discos?

Pues la verdad es que no. Sí que quería en el anterior que las canciones que tuvieran pegada, se notara en la música. Pienso, por ejemplo, en Música para adultos, pienso en A fuego… Sí que quería que tuvieran pegada. No estaba pensando en el directo, la verdad es que hice el disco luego me di cuenta que tenía un disco rock, y que cómo coño lo iba a llevar al directo. Aunque sé que son cosas que luego se retroalimentan muchísimo, lo que es el directo y el disco, una vez estoy con el disco no pienso en el directo. Ya lo pensaré.

Has añadido Cuarentena sin ti en ‘Supercrepus II’. ¿Qué tal llevaste la cuarentena? He de decir que esas sesiones DJ que hiciste en Instagram Live nos amenizó a muchos la nuestra.

(Risas) Sí, vi que mucha gente hacía lives y a mí no me apetecía hacer un directo, la verdad, ponerme con un pianillo no creo que fuese a aportar nada haciendo eso. Así que pensé que por qué no hacer una sesión de DJ y coger un estilo que me gustaba cuando era joven y darle ahí. Y la cuarentena, me imagino que como todos. Cocinando en casa, leyendo mucho, viendo alguna serie y… Bien, la verdad es que bien. Salió la canción de Cuarentena sin ti al principio de todo, me imagino que esa canción si hubiera salido a mitad habría sido aborrecible, pero como fue tan al principio, fue buen momento. De hecho, en este disco llevaba trabajando dos años, entonces ya tenía muy claro qué canciones iban yendo y cuando salió Cuarentena sin ti yo ya sabía que iba a estar dentro del disco, como la sabía con Ratas salvajes, por ejemplo.

Justo eso te iba a preguntar, esta canción está claro que es hija del confinamiento. ¿Hasta qué punto llegó a afectar la cuarentena a la grabación de tu disco?

Pues la verdad es que con la cuarentena apenas se grabó esa canción, el disco estaba ya bastante adelantado todo. Lo que sí que es verdad es que justo las baterías, porque hicimos como dos tandas de grabación, pues la segunda tanda se grabó creo que un día antes de que decretara el estado de alarma. Llega a ser un poquito antes y me imagino que no se habrían podido grabar.

Vuelves a grabar con Tomasito, en este caso una versión que es pura fantasía. Le hemos visto taconear, desprenderse de toda prenda posible y cantar contigo en multitud de ocasiones en tus shows, pero, ¿cómo nace esa amistad con Tomás? ¿Cómo os conocisteis?

Nos conocimos cuando llegué a Madrid y empecé a trabajar con El Volcán, con Liñán, y bueno, hubo un proyecto en que nos juntamos, estaba también Luis Troquel, y así tomando algo le pedí si le apetecía grabar unas pistas para el disco que estaba grabando en ese momento, que era ‘Nuevos misterios’. Tenía la idea de hacer La verdad, pero al final salieron palmas en muchas canciones y, sobre todo, A fuego. No, era A fuego la que quería con él. Surgieron opciones de tocar juntos, luego de que él viniera y la verdad es que es una gozada. Es una gozada porque en directo Tomás tiene una capacidad de conectar con la gente que yo no he visto en nadie. Es salir él y la gente lo aclama. Recuerdo en el Benicàssim y salir Tomás y toda la gente vibrando y coreando su nombre. Es maravilloso. Además tiene un espíritu punk flamenco que es trabajar con algo que brilla como una supernova.

Yo he ido a verte varias veces con amigos y hasta hacemos apuestas. ¿Va a salir Tomás? Necesitamos que salga Tomasito a dar palmas, taconear y todo lo que quiera. Es una alegría verle en el escenario.

Sí, además, yo creo que con el tecno casa muy bien porque le da un punto orgánico que le va muy bien.

Hablando de versiones, el año pasado Fangoria incluyó Mi fábrica de baile en su último álbum, reinterpretando sus canciones favoritas de los últimos veinte años. ¿Qué nota le pondrías a esa nueva versión de Alaska y Nacho Canut?

Pues muy buena, la verdad. Para mí fue un placer y un orgullo que gente así, del calibre de Alaska y de Nacho, quisieran hacer una versión de una canción mía. Me hizo mucha ilusión. Lo de poner notas… Lo que sí puedo decir es que estoy muy contento y que me hizo muchísima ilusión, y me da alegría.

Foto: Silvia Coca

Hace unos años te mudaste a Madrid, ¿qué te hechizó de esta ciudad para decidir vivir aquí?

La verdad es que nunca había pensado que vendría a vivir a Madrid y, no sé, simplemente vine con mis cosas, no sabía si iba a estar un mes o dos y ya hace siete años. No había estado más de dos días seguidos en Madrid y decidí dar un cambio a mi vida y vine acá. Me encontré con una ciudad muy disfrutable. Madrid es una ciudad a la que coges mucho cariño, por muchas cosas, pero es un todo. Me quedan muchas zonas y sitios por conocer.

Desde que llegaste, ¿cuáles se han convertido en tus sitios imprescindibles de la ciudad?

Bueno, esto tiene momentos, en los que vas más al Retiro, a la Rosaleda, otros en los que vas más a las Vistillas… He conocido bien muchos barrios del centro y, bueno, ahora estoy en un momento en que estoy muy a gusto en toda la zona del Rastro. Ahora me gusta dar muchos paseos. Subo hasta la Guindalera, Cartagena, la Prosperidad… Estoy conociendo esa zona, que me llama, me interesa, y voy viendo. Es como Barcelona, que por mucho que hayas estado viviendo allá siempre hay barrios en los que no has estado y no conoces, son ciudades grandes donde hay mucho por ver.

Otro vecino ilustre de Madrid que es frecuente verle sobre el escenario en tus conciertos es el director de cine Nacho Vigalondo. En tus conciertos se transforma en El Alacrán, el rey del baile. ¿Qué fue antes? ¿Vigalondo o El Alacrán? ¡Debe ser imposible ganarle en un duelo de bailes!

(Risas) El Alacrán surgió una vez que fuimos a un karaoke. Eso fue antes de que yo viviera en Madrid, antes incluso de conocer a Nacho. En verdad apenas nos conocíamos, pero nos fuimos los dos a un karaoke así por la madrugada y ahí el Alacrán ya asomó uno de los pinchos que tiene. Ya cuando vine a Madrid tuve una relación con Nacho de verlo bastante y ya retomamos eso. Es también un poco como Tomás, yo tenía claro que cuando quería reestructurar el proyecto de los conciertos que quería hacer algo bakalao, pero también quería que tuviera algo orgánico, cosas que pueden aportar Tomás, Nacho, los sintes y los coros de Aaron… Y en algunos momentos que fuera como una especie de show de variedades. Que fuera como una fiesta, a la vez. El hecho de que saliera mucha gente, pues unas veces podría aparecer La Prohibida o Ariadna de Los Punsetes, podría darle un punto de variedades, de “estamos aquí los freaks dando un concierto para que sudes y te lo pases bien”.

Incluso en el concierto del Ocho y medio del Año de la Rata teníais hasta un barman para vosotros en el escenario.

Sí, Alberto del Dry de la Calle Pez. Todo eso creo que le da un colorido, un algo mágico que por fuera queda muy bonito y por dentro es divertidísimo. Y ya si te tomas un cocktail de los de Alberto, mejor que mejor.

Y, para terminar, ¿es Chococristos la nueva Pisciburguer? Yo lo veo como el futuro hit de tus conciertos. Un himno que lo puede reventar.

Sí, Chococristos es Pisciburguer 2.0 totalmente. Cuando salió yo ya lo vi, es una canción que tiene ahí esa cosa irónica, es una palabra nueva que te hace risa, hay comida, y espero que la gente no se ofenda mucho. Pero sí, es Pisciburguer 2.0, más funky, pero sí.