Corpus, una exposición de Celia Gallego

La exposición Corpus, de Celia Gallego, permanecerá en el Espacio Cómplices hasta el viernes 23 de octubre.

Celia Gallego es una joven artista originaria de Valladolid. Su producción artística se centra en el cuerpo humano. Esta joven mujer siente una gran fascinación por la anatomía, por la belleza con la que la naturaleza diseña a las personas, y en especial los ojos.

Entre sus referencias nos cuenta: “En cuanto a pintores ahora mismo estoy entre Berthe Morisot, la pintora impresionista; Van Gogh que siempre le tengo conmigo, porque tanto lo que es el trazo, lo que son los colores y tal. A mí es una cosa que me inspira muchísimo. Pintores contemporáneos, por ejemplo, Paula Bonet es, de hecho, una de las artistas, que dije yo, voy a subir yo también cosas a Instagram, ¿por qué no? Alex de Marcos, me gusta muchísimo, cómo utiliza el color, cómo es y tal”.

Por otro lado, Espacio Cómplices (en el barrio de Lavapiés) es un humilde y acogedor espacio, valga la redundancia, que se pone al servicio de los creadores emergentes para que pueden exponer allí su obra. Es un lugar que se pone al servicio de artistas, con el fin de crear sinergias culturales.

Pero volvamos a la Exposición de Celia. En las diferentes pinturas que se exhiben sobre la pared, podemos apreciar fácilmente ese estudio que hace de los cuerpos.

Las arrugas de los pliegues de la piel de las manos, las expresiones faciales de los diferentes retratos. Es curioso, porque en ellos no retrata a nadie en particular, sino que se inspira en los diferentes rasgos de personas que ve en las redes sociales.

En su reinterpretación del “nacimiento de la Venus” nos presenta a la divinidad dentro de otro cañón estético mucho más actual, con tatuajes y un rostro especial. De hecho, Celia confiesa que cuando les enseñó el resultado final a sus amigas, éstas se dieron cuenta que la cara de la Venus le pertenecía a una de ellas.

La serie de ojos tiene un gran protagonismo en esta exhibición. De diferentes colores y tamaños. Están dotados de cierto realismo y si te quedas mirándolo fijamente, puede que después de un rato te des cuenta que has pasado más tiempo del que imaginabas frente a ellos.

“Para mí, cuando ves a una persona, cuando conozco a alguien en lo primero que me fijo, son los ojos. Siempre, siempre, siempre. Entonces es una cosa que siempre he tenido conmigo. Lo típico de que estás sin atender en matemáticas en el colegio… yo me ponía a dibujar ojos. Siempre que conocía a alguien me quedaba mirándole a los ojos. De todas las personas que conozco, de mis amigas y tal, de todas sé exactamente cómo son los ojos de cada una. De hecho, tengo un ojo tatuado. Es como una obsesión. Y un día descubrí lo que eran los lienzos redondos. Y dije “joder, es que puedo pintar ojos… todos los que yo quiera y más”. Y es un tipo de lienzo, que por lo que estoy viendo en la exposición no conoce la gente. Los ojos es lo que más me curro, lo que más tardo en hacer y a lo que más vida le quiero dar”.