Fratelli Figurato: Italia a un paso de Malasaña

Había llegado yo a Roma hace unos días con un móvil roto, una maleta llena de inseguridades y un nivel de italiano a la altura del de Brad Pitt en ‘Malditos Bastardos’. Por ver, no había visto ni la Fontana, pero tenía clara una cosa: si me encontraba en la ciudad del deseo (tais-toi, Paris!) tenía que entregarme en cuerpo y alma al amor de mi infancia. Había llegado yo a Roma hace unos días y justo antes de recorrerme todos los frescos del interior de las cúpulas de las iglesias de la capital, acababa de devorar, sin ningún tipo de decorosa devoción, la materia prima con la que se forman los sueños de los querubines romanos: la pasta. Al día siguiente intenté reproducir ese plato que me había vuelto loco desde niño y que allí, tenía una importancia capital. No tardé mucho en comprobar cómo el núcleo autóctono de un piso hispano-italiano, desaprobaba aquel sacrilegio que se estaba perpetrando sobre los fogones. Y fue ahí cuando confirmé lo que ya sabía: me encontraba, como cualquier otro desangelado turista de lo ajeno, completamente perdido. Lo que no sabía, es que la receta consistía en lo mismo para una carbonara que para un estudiante de Erasmus: echarle huevos.

Este 25 de octubre se celebra el Día Mundial de la Pasta y, a modo de pequeño homenaje, quería acercaros un trocito de Italia que se encuentra al lado del bullicio de Malasaña: la Trattoria Popolare de Fratelli Figurato. El restaurante de la Calle Larra 13 es el proyecto gastronómico de Riccardo y Vittorio, dos hermanos napolitanos que iniciaron su historia en Madrid con una pizzería que se encuentra en Canal. Como buenos napolitanos dominan el arte de la pizza tonda (redonda), de borde gruesos y masa elástica, pero en esta ocasión acudo a ellos para hablaros de su otra especialidad: la pasta fresca.

Con la Trattoria Popolare los hermanos Figurato amplían el espacio y la carta de su primer local reservando un selecto apartado para la pasta que elaboran a diario a la vista de los comensales. La elección es sencilla: bigoli o tagliatelle; clásicos platos de la città eterna o contundentes elaboraciones con ragú (estofado de carne) de la casa.

Mi recomendación, que siempre ha sido mi elección selecta desde que era un enano: la carbonara. Sí, seré un fanático, pero he de decir que me pasó algo parecido a lo que le ocurrió a Proust ese día que estaba nostálgico y se merendó una magdalena. Sin duda, de las carbonaras más auténticas que he probado en la ciudad, y no han sido pocas. Guanciale crujiente (parecido a la panceta), pecorino romano (queso de oveja) y, sí, eso que aprendí a echarle en un piso de estudiantes precarios: huevos. Eso es todo, pero rebañarás el plato, tenlo claro.

El resto de la carta, vinos aparte, sigue la rúbrica clásica de antipasto, pizza y postres. En cuanto a las pizzas: no tienen mucho que envidiar a la pasta fresca. Mi favorita es la de guanciale y calabaza, un descubrimiento que me enamoró cuando lo probé en suelo italiano que combina a la perfección dos sabores aparentemente muy dispares. Sobre los postres: si nos quedamos con hambre igual sopesamos esta opción al ver el precio, pero, wow, lo cierto es que el tiramisú está insultantemente bueno. De los que hacen allí: menos mojado en café y con más presencia de mascarpone. Una pasada para los más golosos.

En mi caso, el trato del servicio siempre fue bastante bueno –tienen un chico argentino (¿tal vez uruguayo?) que es un encanto– y, sin ser la carta muy extensa, cuando he probado algún entrante ha estado a la altura. La ubicación es bastante buena, en las inmediaciones del Teatro Barceló, y la pizzería de Canal suele ofrecer un interesante menú del día.

Lo peor: mirando la carta online, puede que hayan subido un poco los precios y, personalmente, se me salga un poco de mi idea de opciones para toda clase de bolsillos, aunque también puede ser entendible en estos tiempos difíciles.

Lo mejor: que, aunque sea por capricho, la calidad de los platos merece darse un homenaje a la italiana de vez en cuando. Y, sobre todo, es de lo más auténtico que vas a encontrar en Madrid.

Precio medio: 20€.