‘El Día de la Bestia’, un paseo por el “memory lane” madrileño

Olor a castañas asadas, el humo del puesto de chocolate con churros, las estrechas calles adoquinadas cuya humedad refleja las luces de Navidad, pensiones abigarradas de dos duros para viajeros con más secretos que dinero… Todos estos elementos y otros tantos conforman el ambiente en el que se desenvuelve ‘El Día de la Bestia’, la famosa película del bilbaino Álex de la Iglesia que marcó un antes y un después en el cine de entretenimiento patrio.

Su mezcla de géneros nos retraía a algunas cintas como, por ejemplo, del mítico Berlanga, que dominó como nadie estas mezclas improbables, pero que resultaban obras frescas y que con mucha habilidad nos hablaban de nuestra sociedad. Para los que fuimos niños en los 90 y vimos esta película en una de sus vueltas en televisión, ‘El Día de la Bestia’ supone una caja del tiempo donde cada vez que la revisitamos nos damos un paseo por la memoria y por el Madrid en el que crecimos. ¡Diablos, si aún tengo una Cinemania que contiene el anuncio de Kodak con el astronauta que sale en la película!

De la Iglesia aquí ya daba claras muestras de sus gustos, a saber, costumbrismo en el vocabulario, explosiones repentinas de violencia seca, gritos histéricos, y set pieces de acción exagerada pero construidas con oficio.  Aún persiste en la retina colectiva la famosa escena en el cartel luminoso de Schweppes de la Gran Vía al que esta película catapultó a la cota de símbolo nacional, y ahí continúa resistiendo.

Fotograma de la película ‘El Día de la Bestia’ de Álex de la Iglesia.

Y es que Madrid y ‘El Día de la Bestia’ se deben mucho mutuamente. Quizás tenga que ver con esa visión tan espectacular de la ciudad el que el propio director usara su propia experiencia como migrante que vino de Bilbao a Madrid para dedicarse al mundo del cine. Esa experiencia la extrapola al personaje de Luis Angulo, sacerdote vasco que llega a la gran ciudad con una misión y ve todo por primera vez en busca de una señal divina. Uno de los primeros encuentros que marcarán su aventura será con el personaje de Santiago Segura, Jose María, el pintoresco dependiente de una tienda de discos. Uno de esos clerks apasionados que, a la mínima, riegan al cliente con su saber sobre, en este caso, la música heavy (perdón, death metal, “que no es lo mismo”). Una especie de reverso español de los clerks de Kevin Smith que, por aquellos mismos años, hablaban día y noche sobre cine en una pequeña tienda de Nueva Jersey. Aquí, en Madrid, en su terreno, Jose María habla con pasión del metal, y como cualquier buen dependiente, él mismo tiene tras el mostrador una obscura recomendación de un grupo desconocido pero que resultará importante para la trama. ¿A cuántos dependientes o dependientas de tiendas os habéis encontrado que ellos mismos están esperando su oportunidad y trabajan en la tienda para estar cerca de ese mundo que les apasiona? Os aseguro que yo me he encontrado con unos cuántos y siempre han resultado en charlas llenas de curiosidades y pasión pura por el cine o la literatura.

Siguiendo con Jose Mari, es, sin duda, el personaje cómico que mejor funciona de la cinta, ofreciendo un recital impagable de expresiones con ese característico acento madrileño del que Segura es especialista. Tampoco perdamos de vista su inocencia cuando visita la casa del adinerado Cavan y las máscaras africanas y los jarrones chinos llaman poderosamente la atención del de Carabanchel. Una característica de la inocencia que reinaba por aquél entonces. La misma de la que hace gala cuando vacía sus bolsillos de un auténtico alijo de drogas que son “para un cotillón de unos colegas”, pero que antes ya hemos visto como da buen uso de ellas con su propio abuelo “para que no se le apalanque”. Personajes satélites del de Segura son la ayudante de su madre y chica para todo de una jovencísima Nathalie Seseña, también impregnada de esa (explosiva) inocencia en este caso de comarca, y la madre del cordero, Terele Pávez, actriz fetiche de Álex. Su DeNiro para Scorsese. Y en esta corta pero estelar aparición da un puñetazo en la mesa como esa matriarca de armas tomar (literalmente) que por dinero está dispuesta a saltarse su política de admisión en su pensión de barrio.

Para completar el triángulo (que no pentáculo demoníaco) protagonista, un Armando de Razza que representa, según palabras de Jose María “a todos esos que salís por la tele y os reís de la gente”, pero que finalmente acabará olvidado y relegado al banco de un parque (¿después de haber salvado el mundo?), destino que otros tantos colegas de su profesión compartirán en nuestra realidad. El mundo es implacable para todos, Dios o Diablo de por medio.

Quienes hayáis visto más pelis de Álex, notaréis cómo aquí es donde nacen muchos de los iconos con los que puebla su cine, siendo el más evidente esa figura del cura con escopeta y boina del que saca variaciones en productos como ’30 Monedas’, o ‘Balada Triste de Trompeta’ (siendo payasos con escopeta en ese caso) y como hemos dicho ya: Terele Pávez con mala leche, un icono en sí misma, lleve el vestuario que lleve.

Este Halloween promete ser raro y solitario, cómo ya habréis notado sin duda, así que si os apetece dar un paseo por el pasado de la capital aderezado con humor, violencia, y luminosos míticos, dadle una oportunidad a esta peli, algún recuerdo os traerá…