Entrevista a Henar Álvarez: “El sexo y el deseo son temas que me fascinan”

Hace un par de años que sigo a Henar Álvarez. La entrevisté por primera vez como parte de un artículo en el que se me pedía definir qué significaba ‘ser (mujer) rebelde en 2019’. A la pregunta, me contestó: “En realidad, lo que era ser una mujer rebelde antes y ahora no ha cambiado. Lo que ha cambiado es que hoy en día tenemos mucha más libertad, porque hemos conquistado muchos terrenos y quizás por ello es más fácil serlo. Pero de ti, como mujer, se sigue esperando lo mismo: que seas sumisa, buena madre, o madre a secas, que no alces demasiado la voz y que siempre estés apetecible a la mirada de la gente. Hay que seguir siéndolo para terminar de conquistar todos esos espacios que aún nos quedan”. Y ella no deja de hacerlo.

¿El último terreno en el que ha plantado bandera? El sector editorial y, de rebote, ojo, el del audiovisual. Henar publica ‘La mala leche’ (Editorial Planeta), una novela gráfica —pronto, también, una serie— en la que, de la mano de las ilustraciones de Ana Müshell, nos habla de sexo, del deseo no resuelto, la pareja después de la maternidad, los micromachismos, las inseguridades y el miedo a la muerte, entre otras muchas cosas. Todo, aderezado con grandes golpes de comedia y ese estilo tan personal y único que baña todo lo que toca… y a lo que pone palabras.

Hace unos días que salió la novela. Tras meses de trabajo y todo el esfuerzo, ¿cómo ha sido este parto? ¿Qué te está llegando sobre su acogida?

Ha sido increíble, estoy contentísima. Estaba muy nerviosa con eso de empezar a recibir las críticas, pero todo lo que me está llegando es muy bonito. Me paso el día con la lagrimilla en el ojo y emocionada. Me encanta que la gente valore el trabajo, que lo lea y que, además de entretenerse y echarse unas risas, reflexione y consiga sentirse identificada… Como a mí me gusta el cine, soy muy buena lectora y siempre ha gustado lo de sentirme identificada con los personajes, me emociona mucho que ahora haya personas que lo hagan con mi propio libro. 

Tu historia viene ilustrada por la gran Ana Müshell. ¿Cómo os ponéis en contacto?

Junto a mi editora, vimos el trabajo de varias ilustradoras y pensamos en quién podría hacerlo; Ana fue la primera opción. Se lo propusimos, le contamos de qué iba la historia y un poco sobre los personajes, y rápidamente se unió al proyecto. Yo conocía su trabajo y me gustaba muchísimo. Me parecía que era un tipo de viñeta que le pegaba increíblemente bien a la historia que yo quería contar para rebajarla, quitarle parodia y hacer unos personajes más humanos.

Para alguien tan perfeccionista, como has confesado alguna vez, ¿cómo has llevado aquello de dejar una parte importante del proceso, el de dar imagen a tu voz, a otra persona?

La verdad es que ha sido muy fácil, porque Ana captó rápidamente cómo queríamos que fueran los dibujos y cómo pretendíamos que acompañaran las viñetas. Es verdad que soy muy perfeccionista, que me gusta hacer las cosas bien y que siempre estoy pendiente de que todo salga, pero con ella, en ese sentido, ha sido fácil. Cuando le enviaba los guiones y luego me los devolvía ilustrados… Buah, siempre flipaba. 

Hace un par de años te entrevisté para otro medio y ya por entonces me hablaste de la idea de escribir un libro y de un primer proyecto frustrado por una editorial que, tras enviar los primeros capítulos, se había echado las manos a la cabeza por el lenguaje usado al alegar que “las mujeres no hablaban así”. ¿Hay algo de esa novela piloto en esta o la idea es totalmente nueva?

Esta idea es totalmente nueva, lo que se mantiene es el tono, claro. Si ves la comedia que hago, los guiones que escribo… hay cosas que se nota que son muy personales, que rápidamente ves que las he podido escribir yo. Es evidente que el tono que tengo es el que es, que la forma que tengo de contar las cosas es la que es y que los temas que me obsesionan son los que son. El sexo y el deseo son mis temas favoritos del mundo, pero no solo en mujeres, también en hombres: me fascina cómo la pasión puede acabar destrozando la vida de una persona o cómo la gente puede dejarse llevar por una pasión a la que no es capaz de poner freno… Me fascina todo eso, así que son temas muy recurrentes en lo que hago. 

Portada del libro: ‘La mala leche’

Precisamente esos son los temas principales del libro: el deseo y el sexo pos maternidad. De decir: vale, las madres son madres, pero siguen siendo “mujeres”, con todo lo que eso implica, también el deseo. Ambas cosas son naturalmente humanas, pero se contemplan como escandalosas y polémicas. ¿Por qué?

Pues porque nos han metido por tierra, mar y aire que una mujer, en el momento en que es madre, tiene que centrar todas sus fuerzas y sus objetivos vitales en su descendencia, en la crianza y en dar cariño a esa nueva persona. Desde muy pequeñas ya se nos regalan Nenucos, muñecas, bebés y un carrito para pasearlos… Cada vez que veo a una niña con un carrito me dan ganas de cogerlo y romperlo (Ríe). Entonces, claro, luego ¿cómo no van a pensar que, de mayores, las mujeres tienen que centrarse completamente en eso? ¿O que si no son madres no son mujeres completas? Nos bombardean con ese mensaje. Por eso es un tabú y por eso es importante que las mujeres hablemos de estos temas, y empecemos a contar cómo es la vida desde nuestro punto de vista y cómo vivimos las cosas cuando tomamos nuestras propias decisiones.

Siempre digo que la maternidad es, junto a la Navidad, la gran conspiración mundial: se habla abiertamente de lo “bonito” y lo “positivo” de ser mamá —que, obviamente, lo tiene—, pero nadie te cuenta esa “parte oscura“, la otra cara de la moneda. Es una información básica que, creo, deberíamos tener todas… bueno, todas y todos, antes de tomar una decisión tan importante…

Sí, sí, pero aquí el “todas” está bien puesto, porque esa conspiración, como bien dices, está hecha precisamente para que nosotras queramos que esa sea nuestra vida. Si nos encargamos de los cuidados y todo lo que tiene que ver con la crianza, hay otra persona que no tiene que hacerlo y eso es muy cómodo. Entonces, si yo soy el dueño del relato y el que cuenta las historias, ¿para qué voy a dejar que las mujeres empiecen a contar que, a lo mejor, ser madre no es todo lo guay que parece o que, quizás, dedicarse a la crianza en exclusiva es una mierda?… Si las dejo, van a querer repartir la carga. Ahora, cuando se ponen en contra de la lucha feminista, son un poco más discretos, pero recuerdo ver unas octavillas de la época de las sufragistas con ilustraciones, por ejemplo, de un hombre con un bebé en brazos, llorando, y acompañando la frase “Si dejas que tu mujer vaya a votar, esto es lo que te espera”. Está muy claro que esa conspiración a nivel mundial existe por esto. Las mujeres tienen que pensar que esto va a dar sentido a sus vidas y las va a llenar de manera absoluta, porque, si no, nos va a tocar hacerlo a nosotros también.

Igual, me sigue sorprendiendo que, hasta no hace mucho, no se hablara, siquiera entre nosotras —o que no se diese más voz—, a este tipo de información sobre la maternidad: sobre los cambios que va a sufrir tu cuerpo y tu forma de relacionarte con tu entorno, empezando por tu relación de pareja, por ejemplo…

Yo, respecto a eso, pienso dos cosas. Por una parte, no creo que no se hablara antes “lo suficiente”; lo que ocurre, y la diferencia, es que antes no teníamos un micrófono para que esto se convirtiera en una discusión cultural, pero se hablaba en las cocinas. Y, por otra parte, creo que, si no se hablaba “tanto como se debía”, era porque se trataba de un tema doloroso: si te están diciendo que la maternidad va a dar sentido a tu vida y tú, de repente, no te sientes bien… se convierte en un trauma. 

‘La mística de la feminidad’, de Betty Friedan, habla de esto: de un “mal que no tiene nombre”. El libro cuenta la historia de cómo en los EE. UU. se hizo una campaña brutal desde las revistas femeninas, la televisión, etc., cuando se permite a las mujeres ir a la universidad. Esta campaña tenía como objetivo que fueran las propias mujeres las que “decidieran” no ir, creyendo que esta elección se hacía de manera libre. Empezaron a recalcar que lo super “femenino” era estar todo el día guapísima, en casa, tener una cama que no tuviera ni una sola arruga… A meter en las cabezas una idea de “feminidad” que te hacía estar las 24 horas ocupada para alcanzarla. También se decía que las mujeres que estudiaban no gustaban a los hombres y que estas acababan por no conseguir marido. ¿Qué pasó? Pues que muchísimas de las que habían “decidido” no estudiar para casarse y tener hijos empezaron a ir en masa a los psicólogos: se encontraban mal y no sabían el motivo, porque todo lo que les habían dicho que iba a dar sentido a sus vidas no lo estaba haciendo y se sentían vacías. Es interesantísimo. 

Henar Álvarez. Cortesía de Editorial Planeta

Leyendo tu novela me he dado cuenta de que me pasó igual que a ti: todos mis ídolos de juventud eran hombres y me he tenido que “obligar” a buscar mujeres cuyo trabajo pudiese admirar… Llegar a esta conclusión es horrible, porque piensas: joder, siendo feminista, ¿cómo puede ser que no tuviera antes referentes femeninos?

Yo no siempre he pensado que era feminista, ha sido algo que me ha pasado a raíz de empezar a leer, de que los medios comenzaran a dar voz a mujeres que hablaban de estos temas… A mí me habían educado, como a todos los demás, en esta sociedad machista, así que fue un proceso. No sé si fue un día leyendo algún periódico que dije “Nunca he leído a mujeres” y pensé “¡Hostia!”. Ese día me di cuenta que solo había leído a Virginia Woolf, Carmen Martín Gaite y poco más, y porque nos lo habían mandado en el colegio. Ahí decidí ponerme a investigar sobre escritoras, porque siempre he leído muchísimo. Esto me pasó hace 3 o 4 años y la verdad es que casi no he vuelto a leer a hombres; se me ha abierto todo un mundo nuevo por descubrir. 

¿Puede estar esto íntimamente relacionado con lo que comentas en el libro de pasar de “objeto” a “sujeto”? ¿ De darte cuenta de que hay que dejar de buscar a alguien a quien admirar y, por el contrario, empezar a ser el ser admirado?

Esto, para mí, también ha entrado dentro del mismo proceso que te comentaba antes. Ha sido una cosa de la que me he ido dando cuenta y por la que sigo transitando ahora mismo, aun siendo un tema que a mí me interesa muchísimo. Cuando leía a estos hombres que admiraba, y que tenían al sexo en el centro de sus escritos, me identificaba con ellos, no con las mujeres de las que hablaban. No me daba cuenta de que lo hacía y de que había un patrón: los que deseaban siempre eran ellos, los que escogían eran ellos, los que entraban y cortejaban eran ellos… Y ellas eran los sujetos pasivos cuya única opción era ponerse guapísimas para que el chico que les gustaba se fijase en ellas.

Parece secundario, pero en el libro también hablas de tu miedo a la muerte. ¿De dónde nace este pánico?

Si supiera de dónde me viene, no me pasaría (Ríe). Tengo que ir al médico para vez qué me sucede con esto… Este miedo irracional a la muerte se llama “tanatofobia”. Durante mucho tiempo creí que se trataba de hipocondría, pero no. Yo creo que es un miedo bastante extendido, lo que pasa es que, a veces, por cosas que veo, le doy vueltas a historias y… tomo conciencia de que me voy a morir. Me entra un miedo terrible, me paralizo, me pongo a llorar y me cuesta muchísimo salir adelante. Pero ya te digo, en realidad creo que es un miedo muy normal y está muy metido en nuestra sociedad. 

Antes siquiera de que se publicara la novela, ya se habían comprado los derechos audiovisuales de la misma para convertirla en serie. ¿Qué nos puedes contar sobre este nuevo proyecto? Con eso de ser guionista, ¿era una idea que contemplabas desde el principio?

No, nunca pensé en que esta novela pudiera convertirse en una serie, aunque es verdad que siempre he querido hacer productos audiovisuales. De pequeña, mi sueño era ser directora de cine, así que ha sido la mejor noticia que me podían dar, pero nunca lo pensé. Cuando anuncié que salía la novela, varias productoras se pusieron en contacto con la editorial y conmigo para ver si podían leerla porque, de primeras, lo poquito que habían visto, y lo que les había llegado, parecía que les podía cuadrar para una serie. Finalmente, Secuoya se hizo con los derechos y ahora estamos trabajando para llevar la serie a buen puerto, para que sea estupenda y que no pierda la esencia de la novela… Para que sea un proyecto de puta madre, vamos, ¿qué te voy a decir? (Ríe). Aún no hay mucho definido; lo que es seguro es que yo voy a liderar el proceso creativo, pero poco más. 

Henar Álvarez. Cortesía de Editorial Planeta