Entrevista a Itsaso Arana: “Madrid es uno de esos sueños que no me han decepcionado”

Hace unas semanas tuvimos el placer de sentarnos a charlar con Itsaso Arana. Co-fundadora de la compañía de teatro La Tristura; protagonista, y guionista junto a Jonás Trueba de ‘La Virgen de Agosto’ y madrileña de adopción, Itsaso nos habla sobre su relación con la ciudad, sus procesos creativos o de su amor por el cine, entre otras muchas cosas.

Itsaso, natural de Tafalla (Navarra), llegó a Madrid hace más de quince años, y desde entonces no ha dejado de fascinarse por esta ciudad. En todos estos años ha ido conociendo las diferentes caras y virtudes de la capital, así como sus sombras. Ha estado recientemente en Francia estrenando ‘Tres anunciaciones’ de la mano de Pascal Rambert, y muy pronto podremos verla en la serie ‘Dime quién soy’.

A raíz de trabajos como ‘Future Lovers’ (obra de teatro realizada con La Tristura) o ‘La Virgen de Agosto’, en los que Madrid está muy presente, ¿cómo es para ti realizar este proceso creativo y enmarcarlo en la ciudad de Madrid?

A cada proceso llego por lugares diferentes. A ver ¿por dónde empiezo? Por Madrid. A mi Madrid me parece que es una ciudad que amo profundamente, y siempre digo que es una ciudad un poco conquistada. Creo que para todos los provincianos que llegamos con 17 o 18 años que llegamos a Madrid a salir de nuestros pueblos, a aprender, a conocer, a investigar… Bueno que Madrid para mi es como parte, primero de una proyección, una especie de sueño al que tenía muy claro que aspiraba y después, la verdad es que… es uno de esos pocos sueños que no me han decepcionado. O sea que Madrid me sigue enamorando, me sigue gustando y ya la siento como casa. Entonces… no sé si viviera en otro lugar, si estaría la ciudad en la que vivo tan presente. Pero yo creo que sí, porque al final yo sí que creo en un tipo de creación; o es la que he practicado y también la que, generalmente, más disfruto. En la que los creadores se transparentan y se ofrecen sin pudor, o con el pudor justo, porque soy muy pudorosa también.

Pero, si hay cosas que amas, pues las tienes que poner ahí en tu obra, ¿no?  Y ofrecerlas y compartirlas. Entonces, para mí Madrid es una de esas cosas que yo amo, que siento que he ido descubriendo, que sigo descubriendo y que es uno de esos amores bonitos, porque no te piden tanto a cambio.

La verdad es que Madrid da mucho

Totalmente, es una ciudad muy acogedora y hospitalaria, y también dura, por su puesto y no digo que todo sea genial, pero… Madrid son sus gentes, sobre todo a mi me gusta todo el aire provinciano que tiene y toda la mezcla de gentes que tendemos a acogernos unos a otros. Eso es lo más bonito que tiene la ciudad.

Estás tanto haciendo cine como teatro, ¿te gusta intercambiar lenguajes? Es decir, ¿llevar elementos o registros más teatrales al cine, y viceversa? ¿O por el contrario prefieres dejar cada cosa en su lugar?

En realidad, para mí, la creación es algo que va un poco de dentro a fuera, luego la forma que toma, pues evidentemente cada disciplina tiene sus características y te permite unas vivencias, pero en el fondo es todo un poco parte de lo mismo. Y mi adoración también por el teatro pues es inevitable que se mezcle con el cine. Pero, te diré que he sido más cinéfila que teatrera, en realidad de formación. He pasado casi más horas en la filmoteca que en los teatros, pero bueno tendría que pensarlo, dónde he pasado más horas. He practicado en mi veintena sobre todo el teatro. Y después, llegó un momento donde, de repente, la posibilidad de trabajar en el cine – que me atraía desde siempre- se dio un poco más y siento que todo este principio en mi treintena lo he entregado más al cine. Pero creo que no hay que elegir, que no tiene que ser una cosa o la otra. Sino que todo forma parte de un mismo amor y ganas de expresión, y cada disciplina tiene sus sombras y sus luces.

Madrid son sus gentes, sobre todo a mi me gusta todo el aire provinciano que tiene y toda la mezcla de gentes, que tendemos a acogernos unos a otros. Eso es, creo, lo más bonito que tiene la ciudad

Itsaso Arana

¿Y qué sucede para que empieces a meterte en el cine? ¿Es más una decisión consciente o es una circunstancia que se da?

Pues como te digo, en realidad mientras estábamos con La Tristura haciendo teatro, pasábamos muchas horas viendo cine y también porque ver buen cine, es mucho más fácil que ver buen teatro. Porque la selección se puede dar de una manera mucho más precisa. El teatro lo bonito que tiene y lo arriesgado también, es que ves a tus contemporáneos, no puedes ver una selección histórica de lo mejor, de lo mejor; en cambio, el cine juega con ventaja, y entonces es mucho más fácil que te guste el cine que el teatro.

De formación en realidad estaba ahí, lo que pasa es que después el teatro y la compañía, me exigió tanta, tanta entrega, tanto trabajo que a muchos niveles, que realmente no tenía el hueco. Desde siempre he deseado hacer cine, pero realmente, para que las cosas te sucedan también tienes que hacer un poco el hueco. Solté un poquito la mano al teatro, y ahí es cuando en realidad se pudieron dar estos otros tipos de trabajo y otro tipo de investigación. No considero que sea una tipa a la que las cosas les viene. No, me lo he currado todo mucho, lo he buscado todo mucho, y a veces lo que pasa, es que aunque busques, no es tu momento. También es verdad que cuando yo me inserto en el mundo laboral más como actriz, estoy con la compañía haciendo teatro súper radical, moderno; pero después me llamaban a castings para hacer de una chica de instituto, y cosas así. Y yo creo que nunca he dado eso, nunca he dado esa edad. Esa edad del pavo nunca la he dado, para bien o para mal. Y entonces, recuero que me decían, “bueno tú cuando tengas 30 años vas a trabajar más”. Y yo “Joe, eso queda lejísimos, voy a ser muy vieja”. Pero un poco se ha dado así también, que estoy trabajando más ahora, porque probablemente siempre he tenido un alma un poco más “vieja”. Ahora mi cuerpo y mi alma están un poco más en consonancia y eso para el trabajo con la cámara es súper importante.

Esta situación en la que hemos estado, y estamos, con todo ese tiempo en casa, ¿ha dado lugar a algún proceso creativo nuevo, un proyecto?

Curiosamente, al salir del confinamiento es el año en el que más estoy trabajando. Está siendo un contraste muy extraño porque los rodajes ahora son mucho menos gratos, es más difícil hacer amigos y amigas, y es más jodido. La ficción me está salvando mucho de toda esta realidad tan indigesta.

Eso por una parte, al salir del confinamiento y más como actriz, estoy currando bastante y estoy contenta, dentro de la situación.

Fotograma de ‘La Virgen de Agosto’. Jonás Trueba y dirección de foto Santiago Racaj

Pero durante el propio confinamiento sí que me tenía, como que me debía a una escritura que estaba pendiente de una pieza que en principio la pensé como pieza escénica, y ahora estoy pensándola en modo película. Por eso te digo que va a estar mezclado el teatro y el cine. Porque casi que estoy imaginado que unas chicas que están ensayando una obra de teatro, que eso sea la película.

Pensé que tal vez era más interesante el proceso creativo que hacer la pieza en sí. Y poder registrar eso en una ficción. Durante el confinamiento sí que pude escribir e imaginar este proceso que sería con varias chicas, que me apetece mucho trabajar con mujeres. Y sí, he podido, pues dentro de todo eso me salvó, poder estar imaginando otras cosas. Y también al parar y al vaciar un poco la vida, pude encontrarme con la escritura que la tenía un poco olvidada. Y reconozco que procrastinaba bastante. Cuando no me quedó otro remedio, en realidad, fue muy gustoso poder escribir. Ahora estoy volviendo a releer aquello, viendo a ver si es una mierda o mola.

Ahora mi cuerpo y mi alma están un poco más en consonancia y eso para el trabajo con la cámara es súper importante

Itsaso Arana

Este verano habéis ido a Francia al estreno de ‘La Virgen de Agosto’. ¿Cuál ha sido la recepción allí? Aquí, todos sabemos lo que son las Fiestas de La Paloma, o las fiestas patronales de los pueblos.

Nos lo preguntábamos la verdad, pero aún con pandemia y todo, la película ha ido sorprendentemente bien. La distribuidora francesa estaba contentísima, habíamos superado incluso sus expectativas. Y estamos muy contentos con cómo ha ido la peli allí.

En cuanto a la cosa del localismo, lo de ser castizo y todo eso, también nos lo preguntábamos. En realidad, es curioso porque a Jonás siempre lo tachan de afrancesado aquí; y allí sin embargo, les parecía todo super español, súper castizo… En Francia ha habido una recepción muy sensible, y muy profunda de la peli. La verdad es que las entrevistas que vimos, nos recordaron por qué habíamos escrito la peli. Fue realmente reconfortante. Igual también porque fuimos allí recién salidos del confinamiento, y hay una especie de una humildad que nos ha dado todo esto que casi cualquier cosa es un regalo, no lo dabas por hecho. Si había pocos espectadores iba a estar bien. Fue uno de esos viajes que te devuelven el sentido de estar haciendo cosas. Porque incluso, cuando todo se está acabando hay gente que puede ver aquello que hiciste y cómo. Y te hace recordar, por qué lo hiciste.

A veces ya se te olvida, porque hace ya dos veranos que lo rodamos, tres que lo escribimos, y el cine tiene estos tiempos extraños, que te van dando golpes de conciencia como “ah si la peli era esto y esto”. Y entienden perfectamente lo que son las fiestas populares, y en el fondo cuanto más local te pongas, más internacional puede ser.

¿Cómo ha sido este verano sin las fiestas, sin la verbena? Porque en otras ocasiones sí que has mencionado que disfrutas mucho yendo a las fiestas. ¿Cómo ha sido para ti un verano sin esas fiestas de La Paloma?

¡Muy triste! Lo de no poder bailar en la calle y lo de las noches de verano, creo que es una de las cosas más tristes dentro de que, evidentemente, todo lo que está pasando es muy triste. Pero así como a un nivel muy íntimo y puede ser caprichoso, ha sido casi lo que más me ha jodido: el no tener fiestas de pueblo, que es para mi un chute de felicidad bastante necesario. La sensación del verano también. Bueno, yo nací en verano, siento que soy muy solar, muy veraniega, y es un tipo de alegría que a mi me llena mucho. La verdad es que sí, que estaba rodando, tenía que tener muchísimo cuidado con el virus- que sigo teniendo mucho cuidado- ya que rodando tienes aún más presión. Yo recuerdo que sentía que estaba viviendo como en formol y digo “pero este verano, ¡qué tristeza! Que no hay verbenas, que no se puede salir a la calle y abrazarte con amigas y con amigos. No sé, ha sido, la verdad, triste.

Ha sido como menos Madrid

Totalmente. ¡Menos mundo, menos vida! Yo decía, es como si a la vida la hubieran vaciado de vida. O sea, la vida es menos vida. También me estoy dando cuenta de lo importante que es para mí la vitalidad y el calor. Hay algo con todo eso que me está haciendo pensar mucho. Y la alegría ¿no?, que también estoy valorando mucho los momentos de alegría pura que yo puedo tener. Puedo ser muy infantil a veces, o hago el gilipollas o tal. Y ahí es cuando digo “joe qué importante tener esto”. No sé, siento que a lo mejor en mi juventud he menospreciado un poco la alegría per sé. Siempre es la “intensidad” y el “dramatismo”. Ahora es como, sin que sea una cosa frívola, pero sí como la vitalidad y la alegría, están siendo para mí algo que hay que cultivar y que hay que cuidar y hay que preservar. Es algo que valoro mucho en los demás, y que la busco en los demás.

Cuando sales a pasear ¿cuál es el paseo que más das? inconscientemente.

Inconscientemente… tengo ese paseo muy adentro, porque en épocas en las que tenía que pensar, o me sentía perdida, mi cuerpo, viviera donde viviera, acababa viniendo a las Vistillas, al Palacio Real, como a toda esta zona, el Viaducto… A esta zona de Madrid, y luego ya volvía. Es una especie de fin de una parte de la ciudad que me parece que el aire está más limpio, o yo noto algo. Creo que tiene una mística, toda esta zona. Digo esta zona, porque yo vivo por aquí, por suerte. Es el sitio al que mi cuerpo iba naturalmente cuando necesitaba encontrar respuestas. Y sí, mi cuerpo viene a este lugar. En realidad, es donde se fundó la ciudad, o sea que la mística del lugar no es por casualidad.

Hay algo ahí que, no sé, muy desde el principio. La primera vez que pisé esta sentí que me encontré casa. Supongo que como los zahorís cuando encuentran agua.

El escenario tiene algo mágico, donde el tiempo no pasa, donde no envejeces.

Itsaso Arana

Y ¿qué es lo que más te llamó la atención de Madrid cuando llegaste por primera vez?

Aunque pueda sonar una obviedad, el cielo. El cielo de Madrid, o sea, los atardeceres y que hiciera tanto sol. Recuerdo que yo tenía amigos también del sur y me decían “pero si tampoco hace tan buen tiempo”. Y yo “no sabéis que es el norte amigos”. El norte está todo el día gris y lloviendo. A mí me parecía que la luz, la luz de Madrid. Realmente.

El mes pasado estuviste en Francia estrenando ‘Tres anunciaciones’ en Rennes, ¿qué tal fue la experiencia de trabajar con Pascal Rambert?

Ha sido todo un reto profesional y personal. Yo pocas veces me siento orgullosa de mí, no suelo habitar mucho ese sentimiento, no es algo que practico lo de estar satisfecha. Debería de hacerlo más, estoy en ello. Pero es una de esas aventuras que cuando volví a casa dije “joder, lo he hecho”. Fue un reto muy potente, también porque es una forma de trabajar la de Pascal, muy textual, muy francesa y exigente con el intérprete. Y yo estaba casi más preocupada, más que por lo que tenía que hacer en el escenario; que no es poco porque eran unos textos muy intrincados, complicados, y con mucha soledad, porque son tres monólogos, y cuando sales a escena estás totalmente sola en la oscuridad, tienes que hablar media hora y te vas – es una especie de viaje interestelar- pero lo que más me preocupaba era la gestión de los equipos humanos. Porque soy tímida, como poder hacerme con la gente, y sentirme a gusto con la gente…Esto casi me ocupó más parte del cerebro. También trabajar en otro idioma, el monólogo era en castellano, pero tener que comunicarme con ellos en mezcla de otros idiomas.

Ahora teníamos funciones en Francia y se han suspendido por el confinamiento, y después iríamos a París, y a Milán… Pero no sé en qué quedará la gira, la verdad. DE todas formas, para mí es una de esas aventuras que ya estará ahí, y haberlo hecho ya es mucho.

¿Cómo fue volver a un escenario? Siguiendo un poco lo que hablábamos antes, que con todo el confinamiento hemos aprendido a no dar por hecho las cosas.

El escenario tiene algo mágico, donde el tiempo no pasa, donde no envejeces. Y de alguna manera, aunque hacía ya dos años que no subía a un escenario, sentí: “ah, vale, aquí estaba”. O sea, es algo que curiosamente tiene la capacidad de salvaguardarse al mundo. Y esto se ha probado. Siempre se dice que el arte se acaba, pero cuando vuelves ahí es como volver a un no-tiempo, a un no-lugar, que a la vez es tu casa. Fue como volver a casa.

He leído que te denominas como ‘eclética’ en cuanto a gustos musicales, y me gustaría preguntarte por cuál ha sido tu último descubrimiento musical.

Te voy a decir dos. Una que creo que está en el aire para todo el mundo, que es Rigoberta Bandini y después, he vuelto a escuchar un disco de Ray de Heredia, tiene una canción que se llama ‘Lo bueno y lo malo’ que ahora mismo está muy top en mi playlist.

[Foto destacada: Itsaso Arana, Isabelle Stoffel (12-09-2019) ©franckalix-5]