Violeta, los remakes y el verano madrileño

El estreno de la Navidad de 2019, tan distinta y lejana a la que cierra este interminable 2020 fue ‘Mujercitas’, un remake muy esperado, dirigido en esta ocasión por la norteamericana Greta Gerwig. Con esta adaptación en la que desfilaban varios de los actores y actrices del cine hollywoodiense contemporáneo (como Saoirse Ronan o Timothée Chalamet), Gerwig rompía con una trayectoria siempre ligada al cine indie y debutaba como directora de una gran producción dirigida al público masivo.

Y dirás, ¿qué hace esta hablando de ‘Mujercitas’ y Greta Gerwig y qué tienen que ver con Madrid? Pues bien, en un 2020 pandémico, la directora española Mamen Díaz ha estrenado ‘Violeta no coge el ascenso‘, una maravillosa película que, como ella misma define, es “una cover cinéfila absolutamente lowcost de ‘Hannah takes the stairs’, obra del año 2007 protagonizada por Greta Gerwig y película de referencia del cine independiente estadounidense, especialmente por ser una de las pioneras del subgénero “mumblecore”.

Fotograma de ‘Violeta no coge el ascensor’.

‘Hannah takes the stairs’, dirigida por Joe Swanberg y en cuyo guión también participó Greta Gerwig, retrataba a una generación de jóvenes en el Chicago de la primera década de los 2000; mientras que ‘Violeta no coge el ascensor’, protagonizada y coescrita por Violeta Rodríguez, representa a la generación millennial en un verano madrileño, vagando entre la precariedad laboral, el interés cultural, la inquietud sentimental; todo ello contando con Madrid como un personaje más de la cinta.

“Violeta no coge el ascensor” representa a la generación millennial en un verano madrileño, vagando entre la precariedad laboral, el interés cultural, la inquietud sentimental; todo ello contando con Madrid como un personaje más de la cinta.


En mi caso, “conocí” a Violeta en pleno confinamiento en el mes de abril, a través del Festival de Cine D’A (Cine de Autor) de Barcelona, que tuvo lugar (como tantos otros en 2020) de forma digital a través de la plataforma Filmin. En aquel momento, frente a tanto encierro (físico y mental), contemplar a Violeta caminando por la ciudad, entre los Cines Verdi, Rascafría, Lavapiés o los autobuses azules de la EMT fue un reconfortante soplo de aire veraniego.

A lo largo de la Historia del Cine, relevantes figuras de esta disciplina artística han defendido que lo interesante de un remake se encuentra en la capacidad del mismo de aportar cuestiones que la obra original no contenía. En este caso, “Violeta no coge el ascensor” es capaz de abarcar todo lo que reflejaba “Hannah takes the stairs” y adaptarlo a su contexto, mostrando la forma de vida de una generación distinta en una ciudad diferente e incorporando además numerosas e interesantes referencias culturales que su antecesora no incluía.

Se trata de diferencias sutiles, incluidas de una forma discreta que no desentona con la fidelidad que guarda esta cinta con la obra original: la banda sonora en la que suenan varios temas de Tulsa, conversaciones feministas que reflejan las preocupaciones y compromisos contemporáneos o la dedicatoria final de la película a la emblemática directora de cine francesa Agnès Varda. Ahora bien, la gran diferencia entre ambas obras se encuentra en el retrato de la ciudad; algo que, desde mi punto de vista, Joe Swanberg no es capaz de conseguir y Mamen Díaz logra magistralmente.

Mamen Díaz, directora de ‘Violeta no coge el ascensor’.

‘Violeta no coge el ascensor’ no solo cuenta con Madrid como telón de fondo, sino que es capaz de mostrar a cualquier espectador cómo es la vida de una chica joven en el verano madrileño (al menos cuando ver las calles de Madrid semivacías solo era posible en el mes de agosto): cómo sobrevive al calor entre ventiladores, baños con agua fría en la bañera de un piso de alquiler y excursiones a la sierra y cómo pasa los días entre jornadas laborales en una beca mal remunerada y noches entre Costello y fiestas en casas de amigos.

‘Violeta no coge el ascensor’ no solo cuenta con Madrid como telón de fondo, sino que es capaz de mostrar a cualquier espectador cómo es la vida de una chica joven en el verano madrileño.


De ese retrato madrileño que es capaz de esbozar Mamen Díaz e interpretar Violeta Rodríguez y el resto del elenco de la película se deriva igualmente un retrato generacional, ya que esta película también habla de los jóvenes que, como Violeta, deambulamos por Madrid convirtiendo a la ciudad en testigo y cómplice de preocupaciones, amistades, citas, alegrías o noches de música y cerveza. Y también con esta obra, Mamen Díaz nos recuerda y demuestra una vez más que el cine español no tiene nada que envidiar al estadounidense, porque Hanna tomará las escaleras en Chicago, pero Violeta, en Madrid, no coge el ascensor.