Entrevista a Luna Miguel: “La reflexión sobre el amor plural me ha dado la capacidad de repensar mis afectos”

¿Cómo se repara un corazón roto? ¿O, al menos, cómo se hace para reparar lo que una piensa que lo es? En ‘Caliente‘, su autora, Luna Miguel, recurre al sexo con una misma y a sus autoras favoritas para intentar comprender y repensar los afectos propios y para con los demás. Porque los libros, ay, los libros; los libros siempre nos salvarán.

El ensayo, publicado por Lumen, es una suerte de aquelarre literario imprescindible para descubrirse en el dolor histórico derivado de la censura del placer femenino. Un aquelarre que nace, como diría Betty Dodson, de la necesidad de “derribar la vergüenza de las mujeres”. Porque “la vergüenza es nuestra fealdad y la fealdad es un mecanismo de opresión: y eso es algo que las mujeres aprendemos especialmente pronto”. Nos quieren feas y tristes, pero en la autoexploración está el germen del propio revulsivo.

Al otro lado de la línea, Miguel acaba de llegar a las instalaciones de la editorial para enfrentarse al último día de promoción de ‘Caliente’ en Madrid. Son las 10:45h de la mañana y, café en mano ambas, desde nuestras respectivas ubicaciones, nos lanzamos a una charla sobre el autoplacer, el deseo, la imposibilidad de los afectos de este mundo speedico, el amor plural, lo relativo del consentimiento y la maternidad.

‘Caliente’ es un ensayo sobre el autoplacer cuyo hilo conductor es una experiencia personal, relatada en primera persona, desde el lugar común del “corazón roto” y sobre la sensación de enfrentarse a lo desconocido. Como lectora a la que, a veces, la lectura de ensayos se le antoja tediosa, celebro esta generosidad tuya a favor de la obra. ¿Siempre tuviste claro que iba a ser así? 

No, lo cierto es que no lo tuve nada claro. Para hablar de placer y mujeres, hay que hablar de la superación del abuso, del feminismo contemporáneo, de la situación de las mujeres en distintas partes del mundo, no solo en Occidente; para hablar de placer y mujeres, hay que hablar de pornografía, del trabajo sexual, de distintas maneras de amar… Toda esta información que me iba encontrando, aparentemente inconexa, hacía cada vez más difícil enfocar, con una sola estructura, un tema tan sumamente amplio. Justo en aquella época yo estaba experimentando cambios en mi entorno y en mi vida personal, y me pregunté: “¿Qué pasa si me propongo borrar todo lo escrito, que no lo investigado, y empiezo desde cero, desde la suavidad de una narración propia e íntima donde pueda ir contando, y contándome a mí misma, mi descubrimiento?” Me inspiré en escritoras francesas como Margaritte  Duras y Annie Ernaux, que tienen este tono íntimo y esa cosa fragmentaria. A través de ellas, me atreví a ir hilando mi historia con las de todas las demás, pensando en que, tal vez así, conseguiría dar el ritmo que yo creo que se merecía un tema como este.

La bibliografía de autoras que citas es extensa. En un momento, hablas de la novela ‘I love Dick’, de Chris Kraus, y comentas que parece que cuando las mujeres hablamos sobre nuestro cuerpo o nuestros placeres, nuestra única intención es llamar la atención. Teniendo en cuenta que el libro salió publicado la semana pasada, ¿cuánto ha tardado en llegarte ya el primer mensaje de este estilo?

[Ríe] Cuando salió la descripción del libro hace unos meses, ya directamente hubo quien dijo alguna cosa, pero, curiosamente, aún no lo he recibido […]. También porque pienso que la respuesta a esa posible acusación ya está dentro del libro: la han dado todas esas autoras a las que cito, empezando por la propia Chris Kraus. Creo que ahí hay una “trampita” por la que, quien quiera buscar esa esa exhibición, la va a encontrar, porque yo hablo de que, a veces, es necesario exhibir. 

Para hablar de placer y mujeres, hay que hablar de la superación del abuso, del feminismo contemporáneo, de la situación de las mujeres en distintas partes del mundo, no solo en Occidente.

Luna Miguel

‘Caliente’ es el reflejo de tu periplo hacia el conocimiento y el entendimiento de una nueva forma de relación que, hasta el momento, te era desconocida: el amor plural, cuyos cimientos, más allá de mantener (o no) sexo con otras personas, se basan en compartir los afectos. En este mundo de consumo rápido y jornadas de trabajo de 10 y 12 horas, ¿crees que un modelo relacional como este es realista y factible a largo plazo? Materialmente, ¿se puede tener tiempo para más de una persona?

Para empezar, creo que en el mundo en el que estamos no es posible ningún tipo de relación [Ríe]. He sido monógama 12 años de mi vida, he sido madre, le he dedicado muchísimas horas a trabajar en una redacción, y los afectos eran imposibles. En esa época dejé de tener un grupo de amigos, la relación con mi marido se vio resentida, apenas hablaba con mi familia… Me dediqué únicamente a trabajar y a ser madre. Si nos dejamos tragar por el mundo, acabaremos siendo tragados por él. Creo que es muy importante detenernos un momento y pensar con quién queremos estar, qué queremos hacer, qué tiempo queremos tener para nosotros mismos, en soledad y con los demás. Para mí, toda esta reflexión sobre el amor plural, más allá de lo sexual, me ha dado esa capacidad de repensar mis afectos: mi círculo de amigas; de cómo quiero o cómo me necesitan en mi familia; de qué es para mí la maternidad, porque hasta entonces la había vivido centrada en mi niño y yo. De pronto, me di cuenta de que si yo salgo con otras personas, si tengo un círculo de amigas, estas inevitablemente también van a querer a mi hijo, y mi hijo va a tener una familia no sanguínea muy amplia y hermosa. 

Luna Miguel por Laura Rosal

Me gusta especialmente el relato que haces de esa primera toma de contacto con el autoplacer como niña cis—, de esa vergüenza inherente que ni siquiera sabes de dónde nace, y de cómo esa misma experiencia es bien vista en nuestros compañeros machos/hombres cis. Es curioso…

De ellos es celebrada. Se dice “Ya es un hombre, ya hace esas cosas”.

En relación a esto, la cita que haces de Betty Dodson [“Porque si no conocemos nuestro cuerpo, si tenemos miedo a tocarlo y no sabemos cómo funciona, nunca podremos decidir cómo, ni con quién ni para qué queremos utilizarlo”] me hizo reflexionar sobre esas primeras relaciones sexuales —como mujer cis heterosexual—, en las que sentirse “agredida” es también un lugar común. ¿El hecho de pensar que debemos ocultar lo que nos gusta desde tan pequeñas, por considerarlo algo “malo”, puede hacernos más proclives a ceder ante lo que nos nos gusta durante esos primeros encuentros con otros?

Lo has explicado a la perfección, no podría añadir nada más. Eso es lo que pienso o lo que, al menos, he experimentado. Efectivamente, esa es un poco la idea: si no sabes lo que a ti te gusta, ¿cómo vas a saber qué quieres que te hagan los demás o qué quieres hacer tú con ellos? El autodescubrimiento es super importante: si desde el principio te dicen que eso está mal, no te vas a descubrir. A mí me sigue pasando, todavía tengo ciertos pudores; luego algo los cambia y dices “Ostras”. Por ejemplo, yo siempre había pensado que era heterosexual, que solo me gustaban los tíos y, además, un tipo concreto: mayor que yo, paternalista, alguien que me explicara cosas… Y, de repente, lecturas, conceptos como el “mansplaining”, revoluciones como las que hubo a raíz del caso de “La Manada”, te hacen plantearte que hay una estructura a nivel mundial que se está derrumbando y te preguntas qué pasa contigo dentro de esos derrumbamientos. Pensé: llevo toda mi puta vida negándome a investigar, a quedar e incluso a acostarme con otras mujeres, y me doy cuenta, casi con 30 años, de que es algo que también me gusta y de que mi vida podría haber sido muy diferente a este respecto. 

Hace poco entrevistaba a Henar Álvarez a raíz de su novela gráfica ‘La mala leche’, en la que cuenta que se ha cansado de querer a hombres a los que admirar y que le expliquen cosas, que ahora quiere ser ella la admirada. Su cómic gira en torno a la madre como sujeto deseante y en ‘Caliente’ también hay espacio para esta reivindicación que pretende alejaros de los prejuicios de pureza, prejuicios que reconoces haber tenido tú misma. [Las madres desean, las madres dominan, las madres eyaculan, las madres engañan]. De todas las luchas a las que te has enfrentado a propósito de la aceptación del autoplacer, ¿esta ha sido, quizás, la más difícil?

¡Me encanta todo lo que hace Henar! [Se lo piensa] Depende, yo opino que hay varias fases. Creo que nada es comparable a reconocer que una ha sido abusada y que, durante años, lo ha negado. Este es un episodio que también aparece en el libro y pienso que eso ha marcado mucho más mi experiencia. Pero enfrentarme a ello también me ha ayudado a hacerlo con este otro estigma, que es el contrario: a ojos de los demás, ya no soy esa “Lolita” que, a lo mejor, es “demasiado inteligente para su edad” o “demasiado madura” por lo que “vamos a aprovecharnos de ella”, sino que, de repente, soy una madre joven cuyo cuerpo o experiencia erótica podrían quedar anulados por el hecho de ser madre; porque ahora mi cuerpo, aparentemente, solo sirve para “cuidar” al otro. Esto es algo a lo que todavía me enfrento, pero, por suerte, basta con hablar y alzar la voz para darse cuenta de que no eres la única y que no tan difícil romper con este tabú. Pero, como ocurre también con la masturbación, tiendes a callarlo, incluso con un sentimiento de asco y culpa. 

De repente, soy una madre joven cuyo cuerpo o experiencia erótica podrían quedar anulados por el hecho de ser madre; porque ahora mi cuerpo, aparentemente, solo sirve para “cuidar” al otro.

Luna Miguel

Hablabas de esa parte del libro que dedicas a “las chicas de los memes”, de esa frase de “Eres muy madura para tu edad”. El sexo es una expresión de poder y, para que realmente sea disfrutable por todas las partes implicadas, esta relación de poder debe ser igualitaria. De aquí los peligros del consentimiento que adviertes: “consentimiento” no es “conocimiento”, y ojo con eso…

Para mí, el libro al que todos podemos acudir, y en el que se retrata claramente cómo el ser más inteligente y más listo, con una capacidad literaria brutal es, al mismo tiempo, el mayor monstruo, es “Lolita”. Humbert Humbert es un profesor y escritor que utiliza todas esas cosas que ha aprendido de la literatura para engañar a todo el mundo, seducir a una niña e intentar jugar con ella, aunque esta luego se rebele. Pensamos que en el mundo literario o intelectual estamos mediados por una aura mágica que nos diferencia del resto de seres humanos, pero yo creo que eso es una chorrada. Al contrario, precisamente, si tenemos más herramientas para reflexionar sobre la condición humana, debemos ser más listos a la hora de utilizarlas y de analizar todo esto. Referente a tu pregunta, yo siempre me he cuestionado hasta qué punto una acepta ciertas cosas. Vuelvo de nuevo a “Lolita”: en la novela, uno de los conflictos que se presentan, y por el que la gente piensa que es ella la perversa y la seductora, es que acepta un juego. Aunque, a lo mejor, la niña, con sus 12 años, no entiende qué juego es. Se ve tan acorralada por ese hombre, que aceptar ese juego es lo único que puede hacer. Acepta conscientemente que se está metiendo en un lío, pero desconoce las consecuencias de ese lío. Huye cuando conoce las condiciones del juego. Volvemos a lo que hablábamos al principio: si no sabemos lo que es gozar, lo que nos gusta, ¿cómo vamos a reconocer el abuso o lo que no nos gusta?

Siguiendo con esa crítica al mundo editorial, mencionas a esos altos cargos que se jactan de publicar a autoras, aunque el objetivo real es cumplir con la famosa “cuota”. Eso sí, siempre y cuando estas escritoras hablen imitando voces masculinas. Citas a Aixa de la Cruz en ‘Cambiar de idea’ y su frase de “Adoptar el avatar de hombre, el traje del emperador”. En su libro ‘Despojos’, Rachel Cusk se refiere a ella misma como una “travesti” que busca adueñarse del rol tradicionalmente masculino en lugar de buscar un lugar común e igualitario. ¿Qué te parece?

El libro de Rachel Cusk es fantástico, la pena es que lo leí después de acabar ‘Caliente’, si no yo creo que le habría dedicado un espacio bastante amplio en él. Pienso que tiene unas reflexiones muy buenas en ‘Despojos’ a propósito de la pareja, de las supersticiones y de cómo nos imponemos no solo ese “travestismo” (de ponerse el traje de macho para poder sobrevivir a las situaciones horribles creadas por el propio macho), sino la idea de empeñamos en mantener vivo lo que está muerto: “Si nos queremos tanto —al hablar de su divorcio—, si esto era tan maravilloso, ¿por qué está muriendo?”.

Placer “femenino”, deseo “femenino”, lecturas “femeninas”, deporte “femenino”. ¿Cuáles son los peligros de este apellido? Sobre todo en estos días donde hay mil formas de ser mujer…

Pues, mira, recupero a Annie Ernaux y una respuesta muy inteligente que dio en una entrevista sobre escritura “femenina” o “escritura de mujer”: me parece que estamos en mitad de una escalera, de un camino en el que creo que sí que es necesario utilizar a veces ciertas delimitaciones o palabras. ¿Por qué no usar escritura “femenina” para remarcar algo? Yo creo que de vez en cuando hay que emplearlo para “meter un poco el codo” en un magma en el que no te han dejado estar, precisamente, por estar hastiada a lo femenino. Una vez estás dentro, ya puedes luchar sin ese apellido, porque ya estás ahí. Todavía nos queda un camino por recorrer, pero creo que llegará un momento en el que simplemente bastará con la presencia, el trabajo o la obra de una… O eso espero. 

Luna Miguel por Laura Rosal