‘De Madrid al Cielo, de Madrid a Colo’: un viaje del pasado al futuro de la capital a través de la obra gráfica de Jesús Colomina

La obra de Jesús Colomina Orgaz recorre la urbe madrileña como escenario recurrente de todos sus relatos. De Madrid al Cielo, de Madrid a Colo, que podrá verse hasta el 28 de febrero en la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, recoge los trabajos del autor en un viaje desde el pasado hacia el futuro de la capital a través de sus ilustraciones.

Esta exposición se compone de cuatro etapas que atraviesan las principales novelas gráficas del ilustrador. Cada una de ellas representa el pasado, el presente y lo que entonces era un hipotético futuro, que la realidad ha convertido en una suerte de historia premonitoria sobre el Madrid pandémico. Además, la muestra culmina con un espacio creado especialmente para la ocasión: un homenaje en blanco y negro y sin palabras a la ciudad que siempre ha sido el telón de fondo de sus creaciones.

‘De Perros y de Huesos’ es el debut de Colo con una historia de género negro que esconde la joya que le alzó con el Premio Planeta: unos personajes reconocibles e inolvidables. “Con 20 años salí de casa de mis padres y me fui allí. Conocí a muchos buscavidas y gente que trataba de ganarse el pan de las formas más variopintas. Ladronzuelos, pequeños traficantes, currantes, familias que habían vivido allí desde hacía generaciones, vendedores de cualquier cosa, yonquis, artistas, mucha gente buena y alguna otra muy peligrosa”.

Está hablando de Lavapiés, el barrio que en su obra ha conseguido convertir en un escenario al más puro estilo Tarantino. “Un día salí del cine después de ver ‘American Gangster’, la peli de Ridley Scott. Recuerdo que me fascinó la facilidad con la que uno entra en la historia si el decorado es una ciudad americana, con sus coches americanos, sus comisarías americanas y sus alcantarillas americanas. Pensé si sería posible hacer una historia de mafias aquí, en Madrid, en el barrio de Lavapiés, por ejemplo. Esa pieza hizo que las anteriores se alinearan y me mostraran un camino que me sentí obligado a recorrer”.

El método de Colo es anárquico pero calmado, su cabeza recopila ideas que podrían convertirse en una historia, o quizá no. Reposan en su memoria el tiempo suficiente para apagarse, encajar entre sí, o esperar a otra que las convierta en el catalizador de un nuevo trabajo.

“Hacía mucho que tenía pensado hacer alguna historia con Lavapiés y también quería hacer alguna con conversaciones de bar, una en la que los diálogos fueran naturales y no se sintieran encorsetados. Hablo de algo casi improvisado donde si una charla de dos personajes crecía y ocupaba 20 páginas yo me limitara a transcribirla y no me viera forzado a pisar el freno o meter tijera”.  Cuenta que así llegó de ‘De Perros y de Huesos’, una historia de supervivientes en un ambiente hostil. Todos ellos guardan algo de su creador y características de los vecinos del barrio, aunque ninguno existió realmente excepto uno, Suso, el propio Colo en su juventud: “Creo que me convertí en una especie de mascota para algunas de estas personas. Yo era el chaval que hacía dibujitos y me parece que ahí había algo sagrado que la gente sentía que tenía que cuidar y poner a salvo. La belleza es algo muy poderoso y, en mi caso, se percibía un muchacho que trataba de encontrarla”.

Cartel de la exposición ‘De Madrid a Colo. De Madrid al cielo’ de Jesús Colomina.

Esta pieza, que ocupa el espacio del pasado en la exposición, guarda mucho de autobiográfico. En sus páginas aparece un pub de la calle Mesón de Paredes que durante años lució un mural, que podía verse en el barrio y que el protagonista pinta en el relato y finalmente acabó desapareciendo. “Las cosas se pusieron muy feas allí, muy feas, el local cambió de manos, se hizo una reforma y no sobrevivió”.

‘Animal’ fue la última novela en publicarse, sin embargo, es la historia que transcurre en el presente y así aparece en el conjunto de la muestra. Aborda temáticas contemporáneas y explora los valores modernos. Durante toda la narración se plantean preguntas universales, sin embargo, no se responde a ninguna. El personaje central no pronuncia una sola palabra, no tiene nombre y no sabemos nada sobre sus deseos y motivaciones. Le conocemos a través de las reacciones y opiniones de la gente que le conoce, se trata de un personaje espejo que pone al lector frente a su propia mirada e interpretación de los hechos, lo que acaba siendo la receta perfecta para que una historia del presente transcienda en el tiempo: “Si lo consigue, si sobrevive, creo que será por el silencio atronador que posee el protagonista. Nunca lo sabré, claro. Algún día moriré y ese episodio de la vida me lo perderé, pero mi sensación es que tiene recorrido”, asegura Colo.

Si ‘Animal’ cae en manos de un lector futuro, posiblemente se vea reflejado en las mismas preguntas a las que nos lleva su relato y estará buscando las mismas respuestas. “Vivir, el acto de vivir, es muy difícil. la vida nos sobrepasa y nos deja solos en bastantes ocasiones. Ese es el encuentro con la vida sin disfraz y desnuda. Eso sucederá siempre. Creo que la gente se seguirá mirando en el espejo en el futuro, antes de salir de casa, en el ascensor o al lavarse las manos en el baño lo harán. Necesitamos reconocernos para existir”.

Entre otras cosas, la novela habla de identidad, y una ciudad, en este caso Madrid, forma parte indivisible de la de cada individuo y nos construye en mayor o menor medida.

¿Es por esto que la eliges como escenario recurrente para tus obras? ¿Es parte activa de lo que quieres contar con tus historias?

“Madrid está ahí, en mis obras, como consecuencia de mi fracaso como autor. Pretendía emular a los grandes dibujantes de cómics que me fascinaban y me hacían soñar con sus historias, pero era incapaz de acercarme a la sombra de ninguno de ellos. Nunca dibujaría como Horacio Altuna ni sería tan buen colorista como Juan Giménez. Me tocó morir y renacer de otra manera, con otros sueños, siendo yo. Ahí decidí que no me pondría una ropa que no fuera la mía ni me disfrazaría de lo que no soy. Entonces apareció Madrid como telón de fondo de mis historias. Es mi casa, a fin de cuentas”.

Si hoy pudiéramos viajar a Brasil, tendríamos que ir a casa de Douglas Machado, un gran amigo de Jesús Colomina, para encontrar enmarcado un pedacito de Antón Martín, concretamente un mantel lleno de lamparones, restos de café y dibujos de unos personajes imaginados hace 30 años en el restaurante La Sanabresa. Éste, como tantos otros locales reconocibles para muchos vecinos de la capital, aparece en ‘Animal’ y el resto de trabajos de Colo, que deja ver en muchas de sus ilustraciones el Madrid de sus propias vivencias.

“Es un restaurante en el que he comido miles de veces y que tiene un tono vital que me encajaba como un guante para que el protagonista de Animal y su hermano fueran a cenar. Es un sitio en el que se come estupendamente a un buen precio pero que tiene manteles de papel. Esos manteles lo convierten en el lugar perfecto para esa cena de los dos personajes”.

Puede decirse que esta ciudad son muchas distintas, cada uno elige su pequeño Madrid y nada tiene que ver el relato del madrileño que pasea de compras por Castellana, con el del ‘malasañero’ de pura cepa, el que visita las tabernas y galerías de Tirso de Molina o el que disfruta del parque de San Isidro en Carabanchel. A veces Colo deja al lector entrar en su Madrid más íntimo y experiencial, “el mío es el de tomar café con un amigo en alguna terraza de mi barrio, Huertas, y hablar largo y tendido. Lo que me interesa de verdad es el contacto humano y una charla viva. Mi paisaje favorito es el paisaje humano”, explica. Otras veces se permite conocer una ciudad nueva a conveniencia del relato: “Las terrazas de la Plaza del Matute, por ejemplo, aparecen en De Perros y de Huesos, en la escena en la que el Gordo se despide de Rashid. Creo que hasta que dibujé esa escena nunca me había sentado a tomar algo allí, pero desde ese momento me convertí en un asiduo”.

´Hoy es un Buen Día para Morir’, la tercera etapa de la exposición, se escribió hace 10 años pensando en un futuro distópico: un Madrid pandémico en busca de una vacuna y saturado.

¿Podemos seguir hablando de un relato futurista o la realidad lo ha convertido en una historia del presente?

“Si ‘Animal’ es una historia lanzada al futuro, en ‘Hoy es un Buen Día para Morir’ el ejercicio ha sido traer el futuro aquí. Sí, se ha hecho presente. Es increíble, pero ha sucedido”.

Es asombroso releer esta obra y descubrir cómo su autor fue capaz de imaginar algo que ha acabado pasando y cuya densidad ha superado la ficción. La historia presenta tantos aciertos que se ha convertido en una premonición.

Entre los dibujos encontramos algunos que una década después han cobrado vida, como la imagen de Gran vía llena de controles, justo donde hoy comienza Madrid central, o los hospitales saturados, las camas apiladas en los pasillos y los pabellones industriales para los cadáveres y contagiados son escenarios que Colo ya había imaginado y plasmado.

Algunas coincidencias, como las mascarillas, son obvias, sin embargo, el dibujante se atrevió a hablar de especulación en la fabricación, algo que finalmente ha ocurrido, o de la necesidad de documentos para entrar en ciertos barrios. Pero lo más sorprendente, sin duda, es la aparición de la gran nevada que cae sobre la capital.

¿Se te escapó algo?

“El negacionismo es lo primero que me viene a la cabeza. Ahora me parece evidente que algunas personas den esta respuesta, pero mientras hacía la historia no se me pasó por la cabeza esa posibilidad. No lo vi venir”.

Por último, Jesús Colomina ha regalado a todos los visitantes de ‘De Madrid al Cielo, de Madrid a Colo’ un espacio creado ex profeso para la sala. Cualquiera que haya repasado al ilustrador o haya estado atento durante el recorrido que nos ofrece esta muestra única, percibirá un cambio de registro, mucho más luminoso.

No es la primera vez que un artista crea una obra en forma de dedicatoria para una ciudad, es el caso de ‘Venecia Celeste’, de Moebius, el trabajo que lo inspiró todo:

“Un día recordé ‘Venecia Celeste’, que es un homenaje impresionante a la ciudad. Algunas veces me han dicho que mis dibujos, en blanco y negro, tienen algo de Moebius, así que no me pareció descabellado pensar en algo en esa dirección”.

Los personajes de esta última historia aparecen boca abajo en la ciudad. “Cuando me vino a la cabeza la frase de Madrid al cielo, tan nuestra, se abrió el melón y apareció la idea de invertir Madrid”. “Lo divertido de la perspectiva es que, en este caso, el foco está en el espacio blanco del cielo así que son las personas que caen las que había que colocar con los cuerpos apuntando a ese punto invisible. Me lo he pasado muy bien dibujando”, añade.

La posibilidad de hacer ‘De Madrid al Cielo’ aparece durante un periodo sabático en el que Colo se replantea su futuro como autor, piensa la autoedición o en el abandono definitivo del mundo del cómic. “Me decepcioné mucho con el mundo editorial y decidí pararlo todo y tomarme dos años sabáticos para reflexionar sobre lo que iba a hacer después. En agosto se cumple el segundo año, así que ha llegado el momento de decidir”.

Su experiencia personal con las editoriales es negativa y le respalda la historia de un país que, por lo general, da la espalda a los autores de cómic. Muchos acaban abandonando la industria o trasladándose a Estados Unidos para publicar allí su trabajo. Recientemente se conocía el cierre del Museo ABC, el centro nacional de ilustración más importante, a la espera de saber si de forma temporal o definitiva. Colomina ya tiene mucho material acumulado que aún no ha visto la luz, algunos de estos trabajos están incluso terminados, como ‘El Turco’, que es la segunda parte de ‘De Perros y de Huesos’, o 10:54, otro tomo con guion de Douglas Machado.

“Si decido autopublicarme saldrá parte de ese material y si decido no hacerlo, pues se acabó. A veces hay que aprender a morir. Todos morimos varias veces durante nuestras vidas y nos convertimos en personas diferentes. Es el único mecanismo que conozco para crecer, dejar que partes de uno se mueran y ver qué es lo que nace después. Aún no sé si he muerto como autor”.

De la supervivencia de Colo como creador depende que estas historias nos dejen recorrer de nuevo el Madrid tan ficticio como real que habita en su cabeza.

Fotos: Bibliotecas Comunidad de Madrid.