Entrevista a Pepe Larraz: “Hay una parte fan que es indispensable para hacer este trabajo”

El madrileño Pepe Larraz siempre había soñado con dibujar a los X-Men. Desde mucho antes de que, allá por el 2000, la película del grupo mutante iniciase el camino de lo que hoy son las adaptaciones cinematográficas de cómics de súper héroes (hubo algunas antes, sí, pero esta prendió la mecha de lo que hoy es todo un género). Años después, lo ha conseguido y mucho más: ahora Larraz es toda una estrella entre los dibujantes de Marvel Comics, especialmente por ser el dibujante de “Dinastía de X”, la serie guionizada por Jonathan Hickman que ha supuesto una auténtica revolución, ya no sólo en los tebeos de los X-Men, sino en toda la historia de la editorial norteamericana. Tras años de acoso y persecución, los mutantes ahora viven en armonía en su propia nación bajo el liderazgo de Charles Xavier. El cómo hemos llegado a este estatus, el por qué y cuánto les ha costado, además de las novedades que esto supone, es lo que Hickman, Larraz y R.B. Silva nos cuentan en las series “Dinastía de X” y “Potencias de X”, ya dos colecciones que pasan a la historia de Marvel.

Año y medio después, en enero llegaba a las estanterías de las librerías especializadas la continuación de esta historia, “X de espadas”, con Larraz a cargo del dibujo en los números clave de la serie. Aprovechamos esta ocasión para charlar con Pepe, además de esta colección tan revolucionaria en el noveno arte, de su trayectoria, desde que editaba fanzines hasta sus trabajos diseñando personajes de Marvel o Star Wars, como de sus lugares favoritos de Madrid donde ir a ampliar su interminable pila de lecturas.

En mi primera pregunta quiero ir un poco a tus orígenes, ya no tanto como dibujante, sino como lector. ¿Recuerdas cuál fue el primer cómic que cayó en tus manos, el que más te impresionó, y cuándo pudo ser?

Guau, vamos a ver… (risas). Me tengo que remontar muy atrás en el tiempo. Es que, claro, yo en este sentido siempre he distinguido entre el tebeo de Mortadelo, que yo soy súper fan de Súper López, y el cómic americano, que es a lo que me dedico. Entonces, el primer cómic americano yo creo que fue unas tiras de Spider-man que salían en un suplemento del ABC, que compraban mis padres, creo que se llamaba “Gente menuda”. Venían un par de páginas de Spider-man, el de Todd McFarlane. Una cosa loquísima, además era cuando se peleaba con Veneno. Para mi pobrecico cerebro siete años o así era como “buah, ¿qué es esto?” (risas). Y yo creo que ese fue el primero, sí.

Mucho antes de tu salto a Marvel, ilustraste para diversas revistas, encargos de publicidad y, algo que me interesa especialmente, estuviste muy vinculado al mundo de los fanzines. ¿Fueron los fanzines una escuela para ti?

Totalmente, de hecho es una cosa que yo recomiendo muchísimo a todo aquel que quiera dibujar cómic en algún momento. Yo empecé haciendo fanzines en el cole y me pareció una cosa muy guay porque era lo que hacían los que dibujaban bien de la clase de mi hermano mayor. Era una cosa de mayores. Entonces, me llamaron un día “oye, tú que dibujas bien, ¿quieres venirte un día a hacer fanzines?”, yo estaba muy ilusionado por estar con los mayores haciendo cosas. Y luego ya cuando llegué al instituto, claro, resulta que en mi clase del instituto había un montón de gente que han sido unos profesionales, y están siendo ahora mismo unos profesionales tremendos, estaba Ken Niimura, estaba Esther Gili… Nos juntamos unos cuantos a hacer fanzines y era la manera de obligarnos un poco de dibujar para publicar.

¿Y qué aprendiste de estas publicaciones que mantienes aún hoy con el paso de los años?

Por un lado, la parte más positiva es que recorres el mundo del cómic de arriba a abajo, bueno, en este caso sería más de abajo a arriba (risas). Ya no es sólo el dibujar, que es lo que nos gustaba a todos, sino también el encontrar un guionista, componerte tu guion, luego dibujarlo, hacer todas las páginas y, sobre todo, una cosa que me parece muy importante a nivel creativo es aprender a trabajar con una deadline. Luego, claro, ya llegaba toda la parte de producción. Cuando ya teníamos todos los tebeos de todo el mundo y habíamos conseguido entregar todo a tiempo, había que ir a hacer las fotocopias, o llevarlo a imprenta cuando ya tuvimos más dinero, y montárnoslo. Una vez nos pasó que imprimimos todas las copias en montones, todos los pliegos en montones. Y estábamos en un soportal de mi barrio, montando ahí, pero pasabas por cada montón y cogías un pliego, ibas pasando así en serie e ibas montando, y luego ya grapabas. Entonces sopló un viento… Bueno, un desastre (risas). Pero sí, es una grandísima escuela. Y la parte negativa es la catársis, cada vez que terminas un cómic, lo envías y no tienes que hacer nada más es como “ah, qué bien”.

Montasteis como una pequeña industria, tocabais todos los palos.

Sí, hombre, también era muy divertido. Aparte, lo llevamos al Salón de Barcelona, lo vendías allí también dándolo en mano a la gente, aprendes un poco cómo funcionan los salones, el tema de los stands… Es muy instructivo para todo. Yo lo recomiendo mucho. Cuando he dado clase, siempre digo “meteos en líos, haced fanzines, publicad algo, una revista”. Meteos en líos, porque es como se aprende.

¿Cuándo te diste cuenta que pasabas a ser un dibujante de reconocimiento internacional? ¿Hubo algún momento en que dijeras «esto hay que celebrarlo»?

(Risas) Es que eso es gracioso, porque… pensaba decirte “ah, ¿que soy un dibujante reconocido?”. Es un trabajo muy raro porque… Siempre he pensado que somos famosos pocos días al año, ¿no? Además en un sitio muy determinado. Tú entras en un salón del cómic o cualquier cosa que te hayan invitado de éstas y ahí se produce el sortilegio. Ahí, de repente, pum, la gente sabe lo que haces, sabe quién eres y tal. Pero el resto del tiempo estás en tu casa, en una habitación, si es que la tienes, sólo con tus pensamientos, tus inseguridades y tus cabezonadas. Entonces, es curioso también. Llegas a los sitios y es como “guau, aquí sí”, pero el resto del tiempo estás apretando para llegar a la fecha y haciendo lo mejor que uno puede.

En una entrevista de hace casi diez años decías «No puedo dejar los cómics sin dibujar a Lobezno» y mírate ahora, no sólo has cumplido un sueño, sino que has sido el dibujante de la serie más revolucionaria de los mutantes en los últimos años. No está nada mal, ¿no?

No, no, para nada (risas). Recuerdo un día que justo acabábamos de terminar… Se dice aquí “Dinastía de X”, ¿no? Y me acuerdo porque salí a correr y a pensar un poco en lo que habíamos hecho, y me di cuenta que yo lo que quería hacer cuando entré en Marvel era esto, y ya lo he hecho. Yo siempre dije que quería entrar en Marvel para dibujar mutantes y contar una buena historia de mutantes. Y, claro, ¡ya lo he hecho! Entonces, me senté en un bordillo y pensé “¿lo dejo?” (risas). A lo mejor lo tengo que dejar… No, no, por suerte, no lo dejé porque esto es muy difícil. Mi amigo David Lafuente dice “de los cómics también se sale”, pero luego no conozco yo a tanta gente que haya salido de los cómics eh.

Tanto por fotos de tu estudio en casa, con un cartel bien grande, que se pueden ver en tu Instagram, como de ese tatuaje que te hiciste, los X Men siempre han sido muy importantes para ti.

El cartel lo tengo en la habitación, de hecho lo estoy mirando ahora mismo, porque es la primera portada que yo hice para Estados Unidos. Yo vivía en Canadá en ese momento y la gente de la tienda de cómics Silver Snail me lo guardaron, y lo tengo como un regalo que me hicieron ellos. Si no me lo hubieran regalado, posiblemente ni lo tendía puesto porque me da mucha cosa ver cosas mías, porque, claro, sólo ves los fallos y es un poco… Y lo del tatuaje, bueno, cada vez que tengo una charla con el editor jefe de la Marvel me pide que se lo enseñe (risas). Y, sí, era la serie que yo leía, me gusta mucho el dibujante, me gustaba mucho el equipo, recuerdo que empecé a leerla con “La era de Apocalipsis”, y luego ya seguí con Patrulla X, entonces es jugar con los juguetes que conoces. Es curioso porque luego te toca trabajar con otros personajes que muchas veces no conoces tanto, a mí me ha tocado incluso leer en Wikipedia quién es ese personaje, qué ha hecho, en qué momento está… Y con los mutantes es mucho más fácil, había mucho cariño y es casa.

Claro, y ya te lo conocías bien.

Sí, bueno, todo lo que te puedes llegar a conocer los mutantes porque es casi inabarcable (risas). Pero hay una parte de fan que es indispensable para hacer este trabajo.

Y, como lector, ¿qué opinión tienes de este nuevo estatus mutante? Yo, que desde bien pequeño también he leído mucho cómic y siempre le he tenido mucho cariño a la colección, me lo estoy pasando como un enano, aunque sé que muchos lectores se han llevado las manos a la cabeza.

Sí, está siendo una gozada. Para todos aquellos que hemos sido fan de X-Men, el verles coger una entidad de nuevo, tener una relevancia… A mí me fastidia un poco cuando me dicen estas cosas, porque a mí, por ejemplo, la etapa de Bendis me encanta, me gusta muchísimo. Entonces, cuando es “¡era mejor lo anterior!”, hombre no, hay cosas buenísimas. También era interesante, porque al no tener franquicia de cine, se les notaba también una serie bastante más libre, de poder hacer un poco lo que les venga en gana. Cuando trabajabas en Vengadores, te podían llegar a decir de meter este personaje porque sale en tal serie o va a salir en la película; con los mutantes no pasaba eso, con lo cual también era cómic muy puro.

Y es inevitable que te lo pregunte, comparándolo con el cine, por ejemplo, para mí Jonathan Hickman es como un Christopher Nolan, un autor que tiene un plan muy estudiado y con una visión global de lo que quiere contar. ¿Es diferente el trabajar con él respecto a otros guionistas con los que has trabajado previamente?

Claro, yo creo que la principal diferencia, por no comparar, o la que más me llamó a mí la atención de Jonathan es que tiene muy claro, quizás por el pasado que tiene de diseñador o porque le gusta tener un control muy férreo, tiene una idea global del libro, de cómo va a quedar. Desde la primera página hasta la última, él no está pensando en la grapa, está pensando en el lomo.

Entonces, ¿él ya sabe cómo va a acabar todo esto?

Sí, bueno, aparte de que sepa cómo va a acabar la historia, él está pensando en el producto, en el libro, cómo se va a leer. Teníamos directrices de no hacer páginas dobles y no hacer dibujos a sangre porque la tinta se imprime en un papel específico, y eso se puede combar de tal manera… Era como “Madre mía, qué control tiene este tío”. Y lo tiene, tiene una visión muy global de todo. Es una gozada trabajar con él porque tiene las cosas muy claras, el plan es muy bueno, y, a la vez, te deja bastante libertad para que tú puedas poner cosas. Eso es muy agradable también.

¿Sentiste cierta presión o responsabilidad por estar a la altura tras leer esta propuesta tan revolucionaria?

Bueno… Sí, obviamente (risas). Tengo que decir que yo comparto la culpabilidad con Jonathan y con R.B. Silva. Y con Marte Gracia, sin él no creo que el libro luciría ni la mitad de la mitad. Yo creo que hacerlo lo mejor que puedas es algo que siempre intentas hacer. Pero, en este caso, te centras, sobre todo, en contar bien la historia. Porque si te paras a pensar, por ejemplo, cuando trabajé en Star Wars, bueno, “vas a trabajar en Star Wars y sólo hay cuatro colecciones y la tuya”, y fue como “no puedo, ¿qué va a pasar?”. Yo lo que hago es eso, te centras en contar bien la historia, que todo el mundo se entere de lo que pasa, que todo el mundo esté contento y, de esa manera, no es que rehúyas las responsabilidades, pero le das un propósito. Fue muy bonito cuando me lo propuso Jordan White, el editor. Coincidió que estaba yo en Nueva York por la Comic Con, quedamos en el despacho y me propuso este proyecto. La mirada que él tenía cuando hablaba de este proyecto era totalmente diferente a cualquier otra que yo hubiera visto en un editor de cómics. Él ya sabía lo que tenían entre manos y que esto era importante. Yo salí de allí y, recuerdo que estaba con mi amigo David López y me preguntó cómo había ido y le dije “no sé qué es, pero la vamos a liar muchísimo”.

Acaba de estrenarse en España el primer crossover de esta nueva era, X de Espadas, donde vuelves a ser el dibujante de, al menos, los números clave del evento. Te confesaré que el primero me lo leí dos veces, es apabullante lo épico que se presenta. ¿Notas una progresión en tu trabajo de Dinastía de X a este X de Espadas?

Yo creo que sí, pero lo bonito de esto es que es muy orgánico, te lo va pidiendo, digamos, el proyecto. Yo me doy cuenta de que he encontrado soluciones gráficas nuevas o maneras de dibujar cosas que antes no hacía porque el proyecto me lo demanda de esa manera. En este, por ejemplo, era “Página 1. Un ejército”, y, claro, hay ciertas cosas que yo las clasifico de indibujables (risas). Las hojas de los árboles, los ejércitos… Cosas grandes compuestas de piezas muy pequeñas. Tienes que encontrar la manera de dar la impresión de que lo has dibujado todo, pero sin dibujarlo todo. Fui jugando más con los grises, cuando antes trabajaba, sobre todo, en blanco y negro más puro, entonces fui yendo más a los grises… Por la propia necesidad. La épica es una cuestión de escala y tiempo, ¿no? Entonces tienes que hacer planos muy grandes, intentando abrir el plano todo lo que puedas y, en ese sentido, claro, cuando abres demasiado sigues teniendo el mismo tiempo para hacer la página, entonces hay que encontrar maneras. Por ejemplo, hay mucho humo, mucha niebla, muchas antorchas (risas). Muchos efectos de luz que lo que hacen es ahorrarte tiempo a la hora de dibujar y transmitir ese ruido. No dibujas todo, pero buscas que el lector sí tenga la impresión de que ahí está pasando eso. Yo tenía la sensación, leyendo el guion del primer número, de “¿y en el resto del crossover qué pasa?”, ¡si ya desde el primer momento hay batalla! Sin querer desvelar nada, para aquellos que se pregunten qué vamos a ver después, ya veréis, ya veréis (risas). Sí, sí, hay mucha jarana.

Pero no todo han sido superhéroes, por tus lápices también han pasado caballeros jedi. ¿Eras fan de la saga?

Yo era y soy (risas). Sí, sí, todas las conversaciones sobre que “Rogue One” es la mejor de la nueva era, las he tenido y la defiendo. Me gustaba muchísimo, pero a mí lo que me pasaba era que el fandom de Star Wars es como el Opus Dei del fandom. Es muy duro y muy radical. Yo recuerdo que tenía que hacer diseños para esa serie, y a mí una de las partes que más me gustan de trabajar en un cómic siempre es la parte del diseño. Establecer un diseño para los elementos nuevos que salen te da el tono de la serie, te permite a ti sumergirte mejor en el mundo que vas a contar y, a la vez, me resulta muy divertido.

Portada de “House of X #2”. Marvel Cómics todos los derechos reservados. Color: Marte Gracia.

¿Y qué supone para ti aportar tu granito de arena a este también rico universo de ficción con la serie de Kanan, que prácticamente tú eres quien ha diseñado este personaje y ahí está?

Claro, eso es lo que te decía, que con un fandom tan duro y a mí que me gusta tanto diseñar cosas nuevas tenía mucho miedo de hacerlo mal. Llegué al punto de documentarme a extremos enfermizos. Me leí el libro del código jedi, que me lo regaló un colega (risas). Para las luchas de espadas, me vi vídeos de esgrima jedi y muchas de las poses son de verdad, de la forma que dicen que hay que hacer. Me la estudié y me dije “no me vais a pillar en la vida” (risas). Sí, los diseños que hice eran como deconstruir modelos que ya estaban hechos y ensamblarlos de otra manera para que no me pudieran decir “esto no parece Star Wars”. Era un pelín estresante, porque, por ejemplo, a Ángel Unzueta tuvo que repetir no sé cuántas viñetas de Stormtrooper, porque la parte de la espalda no la había puesto bien, la había copiado de una foto que estaba invertida y, entonces, lo había hecho todo invertido, y lo tuvo que corregir porque los fans se lo dijeron. Es maravilloso, pero, ojo, también es duro.

Once años en Marvel, has dibujado a centenares de personajes, ¿en algún momento te gustaría dar el paso al cómic europeo?

De hecho, era mi intención inicial antes de Marvel. Yo tiraba más hacia el cómic europeo que hacia el americano. Porque me pilló en una época, cuando yo decidí ya dedicarme al cómic, que, por entonces, yo hacía publicidad y un poco de todo, fui a Angoulême, y yo en ese momento intentaba entrar en Francia, en el cómic europeo, pero salió antes lo de Marvel. Sí, a veces me lo planteo, qué habría pasado si hubiera funcionado lo de Francia, estaría dibujando de una manera completamente diferente. Eres lo que haces, pero también lo que haces te hace a ti. Nuestra manera de narrar o de plantear una página al final viene muy determinada por las historias que te toca contar.

Aquí en Madrid, ¿tienes alguna librería especializada o tienda de cómics a la que acudas a ampliar la lista de lectura?

Sí, tengo un montón. De hecho, paso mucho por Omega Centar, en la Calle de la Estrella, porque, aparte de buenos libreros, son amigos. Te vas allí a echar un ratillo, a charlar. Además, es una tienda grande, me dejan meter la bici (risas). Hay un montón de tiendas maravillosas, como la Swinton & Grant, aquí en Lavapiés… Ahora voy a recordar unas cuantas que si no me van a decir algo, pero en la Calle de la Luna hay un montón, como Viñetas, con gente encantadora. Es una gozada estar, por ejemplo, en Generación X, y charlar un rato con los libreros. Es curioso porque somos como dos partes de un mismo mundo, pero muy diferentes a la vez. A mí me gusta mucho hablar con los libreros, mi amigo David Lafuente lo dice muy bien: “nosotros producimos uno de los miles de productos que ellos tienen en su tienda y ellos son los dueños de una de las tiendas de las miles que venden nuestro producto”. Es una relación muy rara, pero aun así es interesante, ¿no? Te cuentan un poco qué se va llevando la gente, hemos hablado también mucho del confinamiento, que me contaban que lo han pasado fatal.

Y, por último, en tu Instagram de vez en cuando compartes alguna lectura con el hashtag #WeReadComics, ¿cuál nos recomendarías de estas últimas que han caído en tus manos?

¡Nuestra foto en la cama! (Risas). Mi pila de leer es tan grande ya que me había propuesto no comprar más tebeos este año. Mi mesilla de noche es una escalera, no es broma, lo es, para tener varias pilas. Sí, sí, entonces, ¿qué me estoy leyendo ahora? Me estoy recomprando “Akira”, para volvérmelo a leer en blanco y negro porque la edición que está sacando Norma ahora es buenísima. El otro día me compré el tercero de “Headlooper”, maravilloso, divertidísimo. También tengo el “Matadero cinco” de Albert Monteys, tiene una pinta bestial. Está también el “Neonomicon” de Alan Moore, que me lo regalaron por mi cumpleaños… Y el último de Mark Millar con Matteo Scalera. ¡Ah! Y el nuevo de Ken Niimura, que acaba de salir, que se llama “No lo abras jamás”. Y eso es sólo lo de la mesilla (risas).

Fotografías y dibujos cedidos por Pepe Larraz.

Imágenes y portadas “House of X #2” y “House of X #4” Marvel Comics todos los derechos reservados. Color: Marte Gracia.