Los ‘gatos’ de Madrid

A las y los de Madrid nos llaman gatos, pero solo a los que son como mínimo tercer generación nacida en la capital. Pero ¿de dónde sale este gentilicio tan curioso? Y ¿cuáles son los ‘requisitos’ que deben ser cumplidos?

Como muchas otras cosas, no hay una sola versión que explique este fenómeno, todo lo contrario hay varias explicaciones y, por supuesto, leyendas. Para descubrirlas tendremos que remontarnos unos cuantos años atrás, algo así como más de mil.

Para la primera de estas explicaciones hay que remontarse a la conquista de la península Ibérica por los musulmanes. Más concretamente al año 852, cuando Muhammad I, hijo de Abderramán II, llega a la actual Madrid. En un primer momento se denominó Mayrit.

Muhammad vio en el terreno de Mayrit un gran potencial para una construir una fortificación, debido a la naturaleza de terrazas del terreno, y así lo hizo. Levantó una gran muralla siguiendo el valle del Manzanares y la Sierra de Guadarrama. En el recinto fortificado edificó una mezquita que sería denominada “Almudaina”.

Grabado del Antiguo Alcázar, Wikipedia

Pero el evento que de nombre a los habitantes de Madrid no sucede hasta 1083, con la llegada del ejército de Alfonso VI a las puertas de Mayrit decidido a conquistarla. No obstante, los soldados cristianos se vieron frente a la muralla de 12 metros de altura sin encontrar la manera de atravesarla. Uno de ellos, muy decidido, empezó a escalar ágilmente la muralla, con la ayuda de una daga.

Ante esta hazaña el monarca exclamó “¡Parece un gato!”. Desde ese momento ese hombre sería referido como ‘Gato’ y el mote sería heredado por los descendientes de éste. Con el paso de los años, se usaría ‘gato’ para referirse a las personas nacidas en Madrid.

Como se ha anticipado, esta no es la única versión que podemos encontrar al peculiar gentilicio que reciben los madrileños. Otra de las leyendas o historias que podemos encontrar se sitúan unos siglos más tarde, en la época cristiana. En ese momento se debía pagar un peaje para entrar a la ciudad por alguna de sus puertas: de Alcalá, de Toledo, de Hierro, o la de Felipe IV. No todo el mundo tenía dinero para abonar tal peaje, por lo que hacían gala de su agilidad escalando las puertas y los muros, como hacen los felinos.

Como vemos, las gentes de Madrid siempre han tenido cabeza para idear alternativas.

Puerta de Toledo, Wikipedia

Y por último, está la teoría que apela al gusto de los madrileños por la vida nocturna, igual que los gatos. Pero esta afirmación no solo es aplicable a la actualidad (sin COVID-19), sino que comenzó durante el tiempo que Madrid estuvo guardada por una muralla. La única forma de entrar y salir de la ciudad eran las puertas, y éstas tenían un horario de apertura y cierre – casi como el metro de Madrid-. En ocasiones a las personas que vivían extramuros y pasaban el día dentro del recinto amurallado se les pasaba la hora de cierre de las puertas, y viceversa. Entonces la única opción para llegar a casa era trepar por las puertas de la muralla.

Menos mal que ahora no hay que trepar puertas ni muralla, solo hay que estar pendiente de los horarios del metro. Y en los últimos meses, de que no se nos pase la hora de toque de queda, que el peaje actual es realmente caro.

[Foto de Portada. Plano hecho por Teixeira. Siglo XVI. Fuente Wikipedia]