Entrevista a Rufus T. Firefly: “Ahora somos un poco menos intensos, pero el discurso es el mismo”

Si los laboratorios de AstraZeneca, Pfizer o Moderna se hubieran construido en Aranjuez, todos los periodistas que manoseamos esa pregunta que nace de la última canción que suena en Loto, el último disco hasta la fecha de Rufus T. Firefly, la respuesta del millón se antojaría mucho más cristalina. Sin embargo, Víctor Cabezuelo y el resto de integrantes de la banda madrileña siguen preparando canciones con las que transportarnos a otros mundos y otras realidades, a falta de salvar, directa e ilusoriamente, nuestro mundo.

El vocalista de la banda con el que charlamos a través de nuestros móviles, ya nos anticipa que lo que se avecina se distancia bastante del viaje psicodélico al que estábamos acostumbrados. Rufus T. Firefly continúa, como es ya marca de la casa, experimentando con su sonido tras haber cumplido quince años de trayectoria musical. Quince años trabajando en un estilo propio y en un modus operandi casi artesanal que les proporciona, no sin mucho esfuerzo y convicción, la libertad de subirse a los escenarios con una propuesta honesta y alejada a la que presenta la industria.

Con su próximo trabajo ya grabado y guardado en barrica, repasamos su trayectoria con Víctor y charlamos de lo que nos espera del grupo que quería que su música emocionara más allá del Palacio Real de Aranjuez.

“Esto no va a petarlo, esto no cambiará nuestras vidas, esto es nuestra forma de ver la música, esto es por lo que vivimos”. Estas eran algunas de las consignas que acompañaban al lanzamiento de ese LP de rarezas que fue Grunge en 2014. ¿Ha cambiado mucho el discurso?

Yo creo que no. Ahora, a lo mejor, somos un poco menos intensos (ríe). Pero creo que el discurso, en esencia, es básicamente el mismo. Yo creo que lo que ha cambiado es la forma de plantearlo y la forma de enfrentarse al mundo de la música, que antes lo hacíamos de una manera un poco peleona, por decirlo de alguna manera, y ahora en realidad nos hemos cansado de intentar luchar contra ese muro invisible que es la industria musical. Y, bueno, la verdad es que nos apetece más ir un poco a nuestra bola y pasar un poco de todo eso.

Antes de esto cantabais en inglés, apostabais por las copias en digital y os buscabais la vida para autoproduciros los discos, algo que, al menos esto último, sí quisisteis mantener. ¿Cómo fue la experiencia en esos primeros años?

La verdad es que veníamos de no saber prácticamente nada. Nosotros empezamos a tocar aquí en Aranjuez, en un local de ensayo que alquilábamos y la verdad es que no teníamos ni idea de cómo funcionaba nada. Y era una etapa como muy inocente, donde simplemente probábamos, intentábamos encontrar un poco nuestro sitio creativo, por decirlo de alguna manera. Y, bueno, yo recuerdo toda aquella primera etapa como muy inocente y muy de vamos a hacer lo que creamos que hay que hacer. Y evidentemente nos equivocábamos todo el rato. Pero bueno, también es una manera de aprender, ¿no? El equivocarse.

Después de Nueve, o, mejor dicho, antes de enfrentaros a lo que supondría Magnolia, se van Sara Oliveira (bajo) y Alberto Rey (teclados) de la banda y sentís que el proyecto cojea un poco. Sin embargo, siempre comentáis que, con ayuda de los amigos, acabasteis sacando adelante un disco que funcionó como un tiro para audiencia y crítica. Me recuerda un poco al With a Little Help From My Friends de cierta banda de Liverpool.

Sí, es un poco eso. Nosotros teníamos un proyecto cuando empezamos con este grupo, que cuando terminó Nueve, creo que ese proyecto acabó. Lo que pasa es que, bueno, decidimos volver a pensar en aquella esencia que nos hizo empezar a hacer música y, de alguna manera, empezamos otra vez. Aunque hemos mantenido el mismo nombre, yo creo que es un grupo muy diferente. Y bueno, pues con esa esencia de tirar de gente cercana y de la amistad, se pudo sacar adelante Magnolia.

Bunbury dijo que era cojonudo.

Sí, eso dijo (risas). La verdad es que me dejó bastante impresionado. No que haya dicho eso, que me parece absolutamente increíble, sino que lo haya escuchado. Es como “qué guay, ¿no?”. Cuando hacemos cosas desde aquí, desde Aranjuez, que es un pueblo pequeñito, pues, no sé, es como que te emociona mucho que pasen este tipo de cosas.

Foto: Iván Martínez Segovia.

Uno de los momentos que recuerdo con más cariño de vuestra trayectoria, en parte porque estuve allí, fue el concierto de fin de gira de “Magnolia – Loto”, esa obra en cuatro actos del 13 de abril de 2019 en La Riviera. La pregunta es simple, ¿cómo lo vivisteis vosotros?

Pues la verdad es que estábamos bastante en shock. Fue muy significativo porque la verdad es que ese día, justo antes de salir a tocar, estábamos detrás de la pantalla que había y empezamos a ver la proyección que habíamos preparado y escuchábamos a la gente al otro lado y… Ese día nos dimos cuenta de todo lo que había pasado con Magnolia. Antes simplemente estábamos pasando por ahí, estábamos viviendo las cosas que Magnolia y Loto nos habían traído, pero no nos habíamos parado a pensar en todo lo que significaban y todo lo que habíamos conseguido. Y, de repente, nos vimos ahí, en La Riviera, a punto de salir a tocar, y es cuando pensamos “joder, lo que hemos hecho, sin querer”. Fue un momento muy bonito, muy emocionante y… Yo creo que es el único concierto que he dado en mi vida que todo ha salido increíble (ríe). Que no puedo ponerle ni un pero. Es como, no sé por qué, pero salió genial y guardo un recuerdo increíble.

Y eso que preferisteis no decir ni una sola palabra en todo el directo.

Sí, era importante no decir nada, porque realmente ya estaba todo dicho. Ya lo había dicho por las redes sociales, lo había dicho en todos los conciertos que habíamos ido dando y simplemente queríamos dar importancia a lo que nos había llevado hasta ahí, que eran precisamente las canciones. Y que fuera todo, todo, estrictamente musical. Y bueno, esa era un poco la idea que teníamos del concierto, y creo que fue un acierto hacerlo así, en mi opinión.

Unos meses después, para México. ¿Cómo os acogieron por allí?

Pues muy bien, nos acogieron súper bien, la verdad. Lo que pasa es que México es un país gigante que a mí me sobrecogió demasiado. Entonces, bueno, estuvo súper bien como primera experiencia, pero creo que era como, de repente, ver el mar por primera vez. Estabas ahí como totalmente perdido y asombrado con todo. Pero, bueno, la verdad es que la acogida fue súper buena, nos trataron muy bien y ojalá podamos volver en un futuro.

Luego llegó el virus. Si no recuerdo mal, su apogeo, al menos aquí en la Península, os pilló en Chile.

Sí. Justo a los dos días de llegar a Chile vimos en el móvil que había saltado el Estado de Alarma en España. Y la verdad es que fue un viaje muy extraño, ¿no? Porque estábamos ahí en Chile presentando nuestras canciones en sitios súper bonitos, todo el mundo nos estaba tratando genial, pero todos teníamos en la cabeza lo que estaba pasando aquí en España. Y a nuestras familias y toda la incertidumbre que había en aquel momento, que pasábamos casi en quince días de “no pasa nada, está todo controlado” a, de repente, se cierra todo. Entonces era muy difícil gestionarlo desde ahí y tener la cabeza fría para poder tocar a gusto y disfrutar de Chile. Entonces, bueno, nos quedamos ahí con una sensación extraña, la verdad.

¿Cómo os tomasteis este parón?

Pues, yo que sé, yo creo que, como todo el mundo, ¿no? Hemos pasado por muchas fases: fases de intentar aprovechar el tiempo para ser creativo, fases de dejadez absoluta y de estar muy tristes porque esto no se levanta, fases un poco de querer intentar hacer algo, no sé, de estar un poco medio desesperado por qué hacer, y más en el mundo de la música que está todo tan complicado ahora mismo y tan parado. Pues, no sé, por ahí estaba un poco la cosa, de no saber muy bien qué es lo que teníamos que hacer.

Ahí sí que estábamos a mil jodidas millas de estar bien, ¿crees que la música funcionó un poco como analgésico?

Sí, eso siempre, lo que pasa es que el analgésico está bien para algunas cosas, pero hay muchos problemas que no soluciona. Entonces… Digamos que hemos pasado por problemas mucho peores que no se podían solucionar con la música desgraciadamente. Pero bueno, menos mal que la tenemos y de vez en cuando podemos usarla para desviar nuestra atención de cosas más tristes.

Foto: Iván Martínez Segovia.

Sin embargo, os metéis a grabar el, y cito textualmente, “disco más caro y ambicioso de mi vida en octubre de 2020”. ¿El artista tiene un poco de kamikaze y, también -por qué no decirlo-, de creyente?

Sí. Eh… Yo ahora mismo no… No sé si soy muy creyente, la verdad (risas). Con esto del futuro y lo que puede pasar con nuestra carrera, no lo sé, la verdad. Pero es verdad que teníamos muy claro que teníamos que grabar ya estas canciones, porque son canciones que estaban previstas para grabar en mayo del 2020. Todo lo hemos ido retrasando, pero necesitábamos soltarlas ya, porque las canciones hay alguna que la idea tiene casi dos años. Entonces es como que ha sido un proceso por el que hemos ido pasando y para que las canciones tengan frescura y nos las creamos nosotros mismos, tienen que estar frescas y tienen que estar recientes. Entonces necesitábamos grabarlas, era importante grabarlas, así que pensamos “vamos a grabar, vamos a avanzar, vamos a hacer cosas y ya veremos lo que pasa”.

Como ya habéis comentado, ya está grabado. ¿Qué nos espera?

No puedo adelantar mucho, la verdad, pero sí te puedo decir que hemos intentado abstraernos mucho de toda la situación que hemos estado viviendo. No queríamos que apareciera absolutamente nada de todo esto que hemos vivido en el último año reflejado en el disco. Al contrario, queríamos como intentar sacar belleza de donde no lo hay. Y queríamos simplemente hacer canciones bonitas, canciones que nos emocionen y que le puedan llegar a emocionar a la gente en cualquier momento, dentro de una pandemia o fuera de ella. Intentábamos pensar mucho en estos discos que son atemporales y que funcionan siempre. En la situación en la que estés, tú oyes una canción de estos discos y siempre te aporta algo. Pues esa era un poco la idea.

Esto me interesa, a la hora de componer, ¿cuáles son tus imágenes de referencia?

Han ido cambiando mucho. Siempre he tenido a los Beatles y Radiohead muy presentes, por ejemplo. En los últimos discos, Magnolia y Loto, nos dio mucho más por la psicodelia, Pink Floyd, Tame Impala y King Gizzard, grupos así, y la verdad es que ahora nos hemos ido a un sitio mucho más soft y más elegante, por decirlo de alguna manera. Hemos tirado de sonidos mucho más suaves, hemos tocado muchísimo más flojo este disco que como tocábamos antes, que, de hecho, ha sido todo un proceso de aprendizaje: aprender a tocar más suave y encontrar la intensidad de otra manera que no sea la fuerza y pisar más pedales para que suene más fuerte. Y por ahí va un poco la cosa, estamos intentando hacerlo de una manera un poco más elegante y evocadora. Y de esto tiene mucho que ver un disco que escuché hace dos años, que ya lo había escuchado muchas veces, pero por lo que sea no me había entrado y, cuando estaba en la gira de Loto, estaba un poco cansado ya de efectos y de psicodelia y de todas estas cosas, que me encantan, pero creo que habíamos pasado ya mucho tiempo con ellas, y un día en la furgo me puse el What’s going on de Marvin Gaye y la verdad es que se me abrió un mundo ahí. Porque pensé que, además, todo eso estaba pasando a la vez que también pasaba la psicodelia y pasaba Pink Floyd y, justo en los mismos años, en los que también estaban los Doors y gente así, a la vez estaba pasando esto: había gente que estaba haciendo música súper cool, súper elegante, súper suave y muy bien tocada, y con mucha alma, en el mismo contexto social y la verdad es que me pareció como muy interesante y muy bonito verlo de esa manera.

Nick Hornby, el autor de Alta Fidelidad, estaría muy de acuerdo con esto que acabas de decir.

Sí, la verdad es que, no sé, es un disco increíble, que derrocha una sensibilidad alucinante y que, no sé, me parece como el auge de la belleza. De intentar hacer música bonita y elegante y hacerlo de una manera increíble, pero a la vez de una manera humilde. Es como que un disco absolutamente complejo, pero realmente todo es muy humilde a la hora de tocar y creo que es como muy natural. Hace poco tuve la suerte también de escucharme las pistas sueltas de ese disco y, realmente, lo único que ves en esas pistas es honestidad. Ves a gente tocando increíble, pero de una manera muy honesta y muy natural. Y eso me llama mucho la atención de aquellos discos. Siempre intentan como sacar el lado bueno de la vida, aunque estén en la mierda, pero no lo hacen de una manera Mr. Wonderful, lo hacen de una manera muy honesta, muy realista y muy bonita.

Foto: Iván Martínez Segovia.

Lo digo también en parte porque, junto a Iván Ferreiro, debes de ser de las personas que más opta por titular a sus canciones con referencias de la cultura pop; entiéndase, series, videojuegos, personajes de películas de culto. En los conciertos, incluso, el público celebra mucho ese “volaremos en el Halcón hasta que caiga el Imperio”. ¿Es también una inspiración o una forma sobre la que contar ciertos temas?

Bueno, en el caso de Magnolia sí que lo fue de una manera muy grande, porque Magnolia, digamos que es un disco en el que tiramos mucho de recuerdos y de infancia. Magnolia era una especie de homenaje de todas las cosas que nos habían hecho amar la música de la manera en que la amamos, ¿no? De la música y el arte, en general. Entonces está plagada de referencias porque era precisamente lo que queríamos. Es algo que siempre nos ha gustado, pero en ese disco en concreto quisimos hacerlo muy a lo grande. Ahora quizá ha cambiado un poco la manera de componer y en el disco que está por salir tampoco es tan evidente, aunque hay algunas, pero no es tan grande como Magnolia y Loto.

Escribo en una revista sobre Madrid, la pregunta me es casi obligada, ¿cómo ves la escena madrileña actual?

La verdad es que tengo bastante esperanza en ella. Creo que hay grupos jóvenes que lo están haciendo súper bien y que vuelven a colgarse las guitarras para hacer rock, ¿no? Y aparte hay gente haciendo cosas muy chulas y de una manera muy alejada de todo el mundo musical y de todos los estándares musicales, y lo están haciendo muy bien también apartándose de la manera clásica de hacerlo, que es como haciendo grandes producciones y todas estas cosas. Lo están haciendo desde su casa con una tarjeta y un controlador midi. Y es increíble, es increíble. Yo creo que es algo muy bueno que ha traído internet, que ha proporcionado a todo el mundo una manera de crear música con calidad, y si tienes el talento para hacerlo y le echas horas puedes hacer auténticas maravillas. Entonces me flipa, creo que hay mucho de esto en Madrid. Desgraciadamente no es acorde a todo lo que está pasando con las salas de conciertos, que no sé las que aguantarán después de todo esto, pero me gusta que la gente siga creando todo el rato. No dejar de crear, de hacer música y, sobre todo, me flipa que la gente joven lo esté haciendo.

¿Alguna recomendación particular?

Bueno, hay muchísima gente que me gusta y esto siempre al final me da mucha rabia porque digo algunos y otros se quedan fuera. Así que, por decirte rápido alguno que me venga a la cabeza, Bum Motion Club, por ejemplo, me encantan lo que están haciendo. Me encanta lo que están haciendo AMBRE, me encanta lo que hace Sen Senra, por ejemplo, por llevarlo hacia otro lado. No sé, creo que hay muchísima gente haciendo cosas muy guays y haciéndolo de una manera muy personal y muy honesta y eso me flipa.

Ya la última. Habéis llenado La Riviera, habéis recorrido la Península -alguno se imaginará que a lomos de esa furgo que aparece en el videoclip de Magnolia-, habéis tocado en una azotea de Madrid, como los Beatles. ¿Cuál es el balance de estos quince años en la carretera, en los escenarios y en las casas, donde también, el músico, que no se nos olvide, trabaja?

(Piensa) Es muy difícil hacer un balance de esto. Yo creo que tiene mucho que ver con lo que has dicho: en trabajo, trabajo duro, a veces recompensado y a veces no recompensado. Pero trabajo duro, al fin y al cabo. Y también está como muy relacionado con el crecimiento personal, hemos crecido a la vez que el grupo ha ido creciendo, nos hemos ido haciendo adultos cuando el grupo se iba haciendo adulto a la vez. Entonces, para nosotros, estamos madurando como personas a la vez que maduramos como grupo. Es muy bonito porque para nosotros es nuestra vida.