Entrevista a Iggy Rubín: “He trascendido mis niveles de estrés y ahora únicamente produzco”

Son casi las cinco menos diez de la tarde de un viernes. Queda menos de un cuarto de hora para que abra el Picnic (calle Minas, 1. Malasaña) y yo he llegado antes de la cuenta con el objetivo de coger el mejor sitio para la entrevista. Últimamente, encontrar mesa en un bar de Madrid se asemeja mucho al juego de las sillas, así que creo que los minutos ganados no están de más. Aunque también confieso que, tras casi una década viviendo aquí, sigo sin controlar demasiado bien la relación tiempo/distancia y eso siempre me da ventaja. Spoiler: no hará falta.

Con una sincronización que parece oportunamente coreografiada, Iggy Rubín llega a mi encuentro al tiempo que se levanta la persiana del bar. Cómico de stand up y guionista, algunos le conoceréis de la radio, por el programa que co-presentaba hasta hace un par de años con Dani Mateo, “yu. No te pierdas nada”; y otros seguro le identificáis como uno de los cuatro pilares sobre los que empezó a edificarse el universo Phi Beta Lambda. Pero Iggy hace muchas más cosas, y no sé de dónde saca el tiempo. Quedamos en el templo de la comedia por excelencia de la capital para merendar [él], tomar una caña [yo] y hablar de… exposiciones, ilustración y libros, pero también sobre la capitalización de los hobbies y el estrés por sentirse productivo todo el rato. Fetén.

¿Recuerdas cuándo comienzas a interesarte por la ilustración más allá del típico entretenimiento infantil? ¿Cuándo dices “Ojo, no se me da mal”?

No realmente. Tengo un amigo, Pepe Larraz, que es un ilustrador genial y trabaja para Marvel, y, sobre esto, dice: “En realidad no creo que tenga un don. Yo creo que todos dibujamos de pequeños —como tú has comentado—, solo que yo no paré”. Sin llegar a las cotas de Pepe —que, de verdad, es un artistazo y un talentazo—, mi hermano [Javi Rubín] y yo tampoco paramos de hacerlo. Mi hermana también hace algo de obra por encargo, pero fuera de redes sociales. Mi hermano y yo… no sé, no se nos daba bien el fútbol, éramos más de diversión doméstica, de estar en casa dibujando.

Me llama la atención que tanto tú como tu hermano, aunque utilicéis diferentes técnicas, hagáis ambos dibujo figurativo. ¿Se potenció en casa de alguna forma o ha sido todo autodidacta?

Se potenció de la manera en que se potencia cualquier cosa en casa: tu madre te dice “Ay, qué bonito” y tú te agarras a ese refuerzo positivo, a esa recompensa de amor de madre [Ríe], y entonces sigues dibujando cosas para que ella vuelva a decirte que “Qué bonito”. Otro dato es que ninguno de nuestros padres dibuja. Mi abuelo sí, algo, le hemos encontrado dibujos de cuando era joven, pero no recordamos haberlo visto dibujar mucho. En nuestro caso, fue una cosa por la que nos dio: mi hermano y yo leíamos cómics, nos gustaba copiar sus dibujos, y poco a poco se nos fue haciendo la manito

Sin embargo, a la hora de elegir tus estudios superiores, y después de que tus padres te dijeran que no a Bellas Artes, optaste por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos. ¿Nunca barajaste otra opción más creativa?

Yo no sabía muy bien qué quería hacer con mi vida, ni siquiera había descubierto los monólogos todavía… Quizás sí como espectador, pero ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de hacerlos cuando empecé la carrera. Creo que la opción más “creativa” de todas las que se me ocurrieron fue una rama de Telecomunicaciones que era como de Imagen y Sonido… sin ser yo supercinéfilo o seriéfilo. Estaba bastante perdido. Así que, si alguien lee esta entrevista y tiene 18 años, solo puedo decirle que tenga paciencia. A veces, la revelación de lo que quieres hacer con tu vida llega tarde.  

Comentabas que la comedia llegó ya en plena carrera, pero ¿qué ocurrió con la ilustración? ¿Fue una constante o hubo algún momento de abandono?

Pues en esos primeros años en los que empecé a hacer monólogos, no dibujé tanto… Aunque, bueno, para ser justos tengo que contar un capítulo que no mucha gente sabe: en esos primeros años de carrera, me dio por diseñar tattoos. Hacía flash de tatuajes para algunos estudios. Me dio bastante fuerte: un año me dio por el tatuaje oriental, otro por un estilo más old school, otro por tribales… Durante esa época es verdad que no dibujé demasiado. Luego lo eché de menos y empecé con los dibujos a boli BIC, que era una técnica que me gustaba mucho, y un poco por entretenimiento personal dije “Venga, voy a ponerme”. Además, por entonces mi hermano había empezado a hacer más expos, por lo que pude ver cómo funcionaba la ilustración en otro grado, y me propuse hacer una serie de dibujos que tuvieran algo que ver entre sí para exponerlos en Picnic.

Chris Larabee (Yul Brynner), pieza de la expo “The Magnificent Seven mash Up Metallica”

Picnic es, de hecho, el lugar donde has hecho todas tus exposiciones, además de ser el hogar de los cómicos por excelencia. He leído que tu intención siempre ha sido la de hacer exposiciones cada dos o tres años. Teniendo en cuenta que la última fue en 2018, ¿habrá nueva muestra aquí en 2021? En caso afirmativo, ¿puedes adelantarnos algo? ¿Volverá a ser temática?

Mis exposiciones son casi más una excusa para reunirme con colegas que otra cosa. Me encanta juntar grupos de amigos y esta es una muy buena oportunidad, la verdad. Sí que estoy trabajando en una nueva expo que, por primera vez, va a ser muy ecléctica en temáticas. No hay absolutamente ningún concepto que las una: son ilustraciones que han nacido de lo que me ha ido apeteciendo a largo de estos tres años. Aunque algunas obras sí que van a seguir esa línea de primer plano de ilustración con boli BIC y luego un fondo con tinta.

Es curioso, porque en más de una entrevista te he oído decir que no le dedicas demasiado tiempo al cine y, sin embargo, tus tres expos han versado sobre personajes de películas: “Fred Astaire & Ginger Rogers & Harley-Daividson”, “The Magnificent Seven Mash Up Metallica” y “Chicas Bond sobre partidas de ajedrez históricas”. ¿Cómo es esto?

Bueno, hice una primera que fue sobre animales, pero luego… ¡Es verdad! No había visto esa relación. Es cierto que antes era mucho más ignorante en cuanto al cine que ahora. En los últimos cinco años de mi vida me he puesto un poco la pila en intentar recuperarme de esa absoluta ignorancia que tenía. Por otra parte, los personajes que he retratado son referentes gráficos muy icónicos: protagonistas de James Bond, los actores de “Los siete magníficos”… La mitad eran super conocidos. Yo suelo pensar mucho en la decoración de las casas de la gente en este sentido: entre tener a mi primo Jose, que no le interesa a nadie, o tener a Steve McQueen… Puede que la gente prefiera a Steve.

La ilustración con bolígrafo me parece de las más complejas por lo definitivo del trazo: no hay opción de arreglar un error.

Yo te diría que hicieses una búsqueda en Instagram de “ball pen”: te demostrará que es de las técnicas más accesibles y más fáciles, porque en el momento que controlas la presión… Además, no es tan manchoso como el óleo ni requiere tanta producción como una acuarela. Ambas, técnicas que a mí por ejemplo me dan mucho respeto. Y luego ya a la chapuza: si con el boli se mancha alguna zona que no se tenía que manchar, pues sacas una cuchilla, raspas el papel… Nada es demasiado grave. Empecé a usar el boli porque era lo que tenía más a mano en clase, que es donde dibujaba mucho, pero ni siquiera fue por que viera algo dibujado así y pensara “¡Oh, cómo mola!, quiero hacer esto”.

Ya habías hecho tus pinitos con “Hard Party”, pero veo que ahora también estás con el diseño gráfico del show que compartes con Miguel Campos: “Stand Üp”. Me parece divertido ese concepto de “construcción” patente en el cartel que recuerda a las instrucciones de Ikea y el troquel de la caja del Happy Meal. ¿Es deliberado?

Sí, es bastante deliberado, y el resto de carteles para el show seguirán teniendo ese espíritu. Miguel y yo hemos creado esto para probar textos sin tener que ceñirnos a los 10 minutos que normalmente nos darían en un open. Es todo material en construcción, de ahí la metáfora evidente y de poca profundidad del concepto [Ríe]. Además, se suma que yo llevaba bastante tiempo queriendo hacer algo en serigrafía y dije “Venga, ya que tengo este show nuevo, voy a hacer carteles que luego sean convertibles en un póster y que se puedan hacer por serigrafía”. De ahí viene un poco toda esta paja mental que me he hecho.

Cartel del show “Stand Üp”

He visto que los carteles también los estás vendiendo… La gente que nos dedicamos al mundo creativo solemos tener varios trabajos. Y esto creo que, en los últimos años y con toda la ultraprecarización del sector, está llevando a un estado generalizado de estrés y culpabilidad si no eres productivo todo el rato o no capitalizas tus hobbies. ¿Qué te parece este tema? ¿Te has tenido que parar a ti mismo alguna vez?

Creo que he trascendido mis niveles de estrés y ahora únicamente produzco. Solo hago cosas que me entretengan y me den dinero. También es una suerte: me da por ver cine, y de repente me sale un show a medias con Carlos Boyero… Entonces, ver cine se convierte en otra forma de actividad comercial. Es como el capitalismo de la performance. Me entristece que mi vida sea así y a la vez me alegro mucho de tener la suerte de que las cosas que me dan dinero, me encantan. 

Entonces, ¿ya no te queda ninguna parcela en la que hacer cosas por puro placer?

No, no, también hago cosas que se me dan mal. Pero, no sé si ya es por la precariedad en la que vivimos, que hay un momento en el que, si esas cosas me empiezan a salir un poco mejor, pienso: “¡Eh, un momento! ¿Le podría gustar esto a alguien? ¿Puedo sacarle dinero a la gente con esto?” [Ríe]

¿Y no te da miedo llegar a odiarlas? Porque en el momento en que algo que te gusta pasa a ser un trabajo y una obligación…

La ilustración está en el punto medio. Para mí es ideal, porque no la necesito para vivir. Puedo esperar un año para juntar unas cuantas obras con las que poder exponer en unos meses; y si tuviera que esperar otros dos años, me daría igual, porque yo vivo de la comedia. No necesito los ingresos que me da la ilustración y, a la vez, el sacar algo de rendimiento económico hace que me lo tome en serio.

Frankenstein sobre una cassette de Camela (obra de su futura exposición)

En una entrevista con Ramón Arangüena, comentabas que para ti el éxito era poder leer un libro a la semana y tener para pagar el alquiler. A priori parece algo sencillo, pero no lo es para nada…

No, y, además, añadiría :”Tener para pagar el alquiler haciendo una cosa que me divierte muchísimo como es la comedia”. En mi casa se leyó siempre, también se nos leyó mucho y se incentivó la lectura. Nunca he dejado de leer. Durante la época de “yu” sí que hubo un momento en el que, por necesidad vital de pasar demasiadas horas hablando en la radio con la sensación de emitir más información de la que recibía, tuve que hacer un poco un cambio de ritmo y obligarme a ver más cosas, leer más, llenarme, porque el trabajo me estaba drenando. Además, de la primera a la segunda temporada del programa, pude permitirme una reducción de horario bastante considerable, con lo que tuve tiempo para, entre otras cosas, leer. Cogí inercia y no he parado. Hasta ese momento, como la mayoría, me veía obligado a leer en el metro y demás puntos de transición.

Teniendo en cuenta que escribes a diario, que te encanta la lectura y que procuras capitalizarlo todo… ¿No has pensado en escribir un libro? Ahora parece que todo el mundo saca uno.

No, eso todavía no he podido, Sara [Ríe]. Y encima es algo que veo completamente lejano porque, cuando leo un buen libro, y por suerte leo muchos, siempre tengo la sensación de que para mí eso es imposible. La paciencia y el talento que requiere escribir una novela o un ensayo que sea realmente valioso no lo encuentro en mí. No en este momento de mi vida. 

Fuera de la temática “comedia”, ¿qué tipo de libros lees?

Sí, es verdad que leo bastante sobre el tema: desde manuales de stand up a libros de historia de la comedia, pasando por biografías de cómicos. Pero también novela clásica, biografías de músicos, por ejemplo, ensayos… Este último género me gusta para poder hacerme el listillo con mis amigos y soltar datos absolutamente randoms y mal citados en el 90% de los casos [Ríe]. Tengo suerte de ser bastante curioso para la lectura. Durante los años de carrera, uno de los planes de evasión mental que tenía era irme a la biblioteca a pasear y coger libros por el placer de leer y descubrir.

¿Tienes algún escritor favorito? ¿Un autor del que siempre esperes con ilusión nuevo libro?

Los libros de Chuck Palahniuk se han convertido en una tradición para mí desde que era adolescente. Este escritor es el autor del libro en el que se basa la película de “El club de la lucha”. Cuando eres adolescente, te peta mucho la cabeza. Luego ya de mayor no tanto, pero para mí el momento guay del año es cuando publica nuevo título. Me lo suelo pasar bastante bien leyéndole. Como descubrimiento más tardío, hace dos o tres años llegué a Foster Wallace. No le había leído nunca y creo que ahora lo he leído todo, y con ansia. También llevo unos años practicando en verano lo de leer novelas de misterio o policiacas de un solo autor: uno me dio por Agatha Christie, otro por Raymond Chandler, el siguiente por Patricia Highsmith…

¿Libro favorito para regalar?

Cuando quiero regalar un libro, me paso una hora en La Central pensando mucho en esa persona. Creo que es muy difícil regalar libros, pero la gente lo hace a la ligera con demasiada frecuencia. [Se lo piensa] Si tuviera que elegir uno, elegiría uno que he descubierto no hace mucho y es muy regalable: “Una habitación propia”, de Virginia Woolf. Me parece un libro muy especial y es cortito, para esa gente a la que no le guste leer.

*Fotos de Iggy en Picnic: Sara Peláez