Oda al (sofocante) verano madrileño

Hace más de un mes que llegó oficialmente el verano, y desde entonces la ciudad no deja de despedir habitantes. Unos vuelven a sus ciudades de origen, otros se van a la playa cada fin de semana, y los más suertudos tienen amigos con barco y son la envidia del resto de los mortales.

El negro asfalto de la capital nunca ha sido demasiado atractivo para las que aquí viven. Siempre se prefiere salir en estampida cuando suben las temperaturas. Y como dicen The Refrescos “Vaya, vaya. Aquí no hay playa”.

Ya en mi adolescencia pasaba el mes de agosto en Madrid y fue entonces cuando empecé a apreciar las ventajas del verano castizo. Comenzando por la mejor de todas… siempre, SIEMPRE encontrarás asiento en el transporte público, no hay que pegarse para hacerse con una mesa en una terraza y los atascos se extinguen.

Es cierto que salir a la calle en Madrid es como abrir el horno para meter la pizza congelada que te vas a cenar. Recibes una bofetada de aire calentorro, a unos 35 grados aproximadamente. Afortunadamente hay muchas formas de lidiar con tantos grados centígrados. 

La primera, y las más popular, es quedar a tomar una cerveza bien fría en una terraza. Además como va a haber sitio allá donde vayas, podréis quedar en esa plaza con esa terraza tan mona que siempre está petada. 

Otra opción que nunca falla es ir al cine o a los museos. La segunda es la opción más económica y se está fresquito. Y como solo habrá cuatro guiris perdidos buscando donde tomarse una sangría, no tendrás problemas para ver las Meninas, o ese cuadro que siempre tiene muchas cabezas delante y  nunca consigues disfrutar a solas de él.

Y por su puestos siempre puedes ir a casa de ese familiar con piscina a gorronear un poco de ese agua con cloro. 

Sin embargo, lo más guay y lo más bonito de Madrid en verano es que vuelve a sus orígenes, vuelve a ser ese pueblo castellano, con sus fiestas patronales y sus verbenas. Aunque… este año mucha verbena no va a haber. Se montan los cines de verano con esas sillas de plástico, como el que había en el pueblo de tus abuelos. Y es la mejor época para dar paseos nocturnos por el centro de la ciudad.

Las noches de verano en Madrid son de lo mejor que hay. Tengo infinidad de recuerdos bonitos en ellas como despedidas con amigas que terminan frente al Palacio Real, citas que terminan volviendo a casa a pie desde el Mercado de San Fernando, o ese paseo para pillar la cama después de haber dejado sin existencias de cerveza al vendedor ambulante en las fiestas de la Paloma…

Parece que toda esa prisa, esa formalidad y ese caos que se apodera de Madrid de septiembre a junio se esfuma. El tiempo pasa más despacio, casi como si se hubiera detenido… Esa sensación también puede ser por el calorazo que hace todo el día.